132 años en resistencia al paso del tiempo

En el aniversario de la parroquia San José hicimos una ruta turística con sus cronistas en búsqueda de los referentes arquitectónicos de los josefinos

                                               Por María Alejandra Martín@maylaroja                                                   Fotografías Alexis Deniz

Esperando al profesor Isturdez ante el árbol gigante que rodea las adyacencias del inicio del Panteón Nacional, nunca se me hubiese ocurrido que en ese mismo lugar hace más de 200 años el mismo Bolívar recibía clases. Fue el inicio de una tarde donde recorrimos a paso de cronistas tres importantes lugares parroquiales para todo aquel que, por su orgullo de zona, se hace llamar Josefina o Josefino, dignos de la parroquia San José.

Me saludó feliz, agradecido de que le hicieran un reportaje a su parroquia quien para esos días cumplía 132 primaveras. “Andrés Bello,  solía venir acá a leer, a meditar a solazarse, acompañado de Bolívar. Bello escribió un poema al árbol y al río Catuche “Anauco” con nostalgia idílica y olímpica Anauco en lengua Caribe ubicado en plena sabana de Ñarauli nombre de leguminosa que crece en las inmediaciones de la Biblioteca Nacional.

Difícil es imaginarnos que esto era una sabana y hacer caso omiso a las edificaciones modernas que hoy la rodean.

La fundación

Sus primeros pobladores se establecieron escapando del terremoto caraqueño de 1812 pero es el presidente Juan Pablo Rojas Paul, quien un 8 de noviembre le da el título de parroquia, según fuentes oficiales, ordena edificar un templo cuyo patrono sea el “Hombre Justo” de la biblia y padre adoptivo de Jesucristo; para el profe Isturdez otra de las razones que lo llevó a colocarle el nombre, es que la esposa de dicho presidente se llamaba Josefina. San José fue establecida parroquia el mismo día que su vecina La Pastora. Rojas Paul ordena también la creación del hospital Vargas.

Patios internos del insigne Hospital José María Vargas.

El sector con más hospitales

San José tiene 7 centros hospitalarios, parroquia ícono de la salud venezolana digna de valoración tangible por sus estructuras físicas que cobijan a los enfermos y una valoración intangible que nos es otra que la educación, instituciones escuelas de la ciencia y la salud para  la formación de las generaciones.

Entrar al hospital Vargas es como entrar a un museo, entre pasillos con zaguán de techos altos, paredes en forma de arco yace allí, vivita y coleando, una majestuosa obra arquitectónica que sigue en pie. Fundado el 16 de agosto de 1888, el hospital José María Vargas tiene un valor patrimonial e histórico y en sus inicios además de tener la capacidad para atender a más de mil caraqueños, fue pionero en la educación, con su convenio con la Universidad Central de Venezuela impartiendo conocimientos a muchos médicos a través de la historia.

Sus primeros pobladores se establecieron escapando del terremoto caraqueño de 1812 pero es el presidente Juan Pablo Rojas Paul, quien un 8 de noviembre le da el título…

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Tirso Silva Magallanes, director del hospital Vargas habla de su valor para la sociedad: “Tratamos de atender y dar respuesta a los pacientes, la pandemia no ha podido pararnos, seguimos adelante, este es el hospital más longevo. El 5 de julio cumplió 130 años como hospital escuela y en él reposan ocho universidades que hacen vida académica y asistencial. Tratamos de recuperar los valores en el sector salud, ejemplos históricos como la figura excelsa de José María Vargas, la figura tridimensional de José Gregorio Hernández, lo que se ha perdido, la humildad, solidaridad y acompañamiento, el sentir el dolor del otro, el tener la disposición de siempre ayudar, entender que la profesión médica es una profesión altruista donde se deja el interés al lado. Este espacio que ha sido permanentemente recorrido por históricos de la salud sigue estando vigente como el hospital donde se forman las nuevas generaciones para relevarnos; eso lo aprendimos de nuestros distinguidos profesores de este vetusto hospital, aspiramos se conserven las bases, las estructuras físicas y se cimienten nuestros valores de manera eterna. Es motivo de orgullo estar aquí y servirle a los pacientes, estar impregnados de ese roble aprendido por nuestros antepasados”.

Su estructura interna cuenta con jardines que te inducen el amor por la vida combatiendo la creencia del hospital blanco, desnaturalizado.

Isturdez recuerda al ilustre doctor residente del sector y emblemático Jacinto Convit: “Entraba con su bastón, así como yo pero más erguido, jovial y con más fortaleza. Casi al final de su vida, en una ocasión, le escribí un poema y al leerlo se puso a llorar eso me conmovió profundamente, él nació en La Pastora pero se sentía josefino por la cantidad de horas que pasaba en su trabajo ubicado en la parroquia San José”.

Jardines del Vargas, espacios verdes para motivar la sanación

La comunidad cronista y cultora

Después de la visita al hospital nos invitaron un cafecito en casa del señor Chang. De camino pasamos la ceiba de San Lorenzo, que tiene cien años de edad,- de cuando se creó la escuela de medicina. En ella se da por las tardes una danza hermosa y nupcial  de golondrinas.

Del señor Chang, escuchamos “recuerdo desde muy pequeño que dentro de las actividades comerciales de la parroquia había una venta de periódicos de Micaela Velásquez, yo la ayudaba a ella, llegábamos a las cinco y media de la mañana y viendo hacia el este era imposible percibir otra persona por la neblina, los trabajadores de Caraballo y el autobús de la sanidad eran nuestros mayores compradores, diarios como Fantoche, El Morrocoy Azul, ahora, La Esfera. Jugábamos trompo perinola y metras, existían los cines San José y Vargas”. Rescata la familiaridad y el acercamiento de las familias de las parroquias durante su niñez, lo que más aprecia es su valor patrimonial arquitectónico y reflexiona sobre el detrimento y la necesidad de hacer política pública no solo para la creación de vivienda sino también enfocada en la restauración.

Edith Salcedo, la negrita cariñosa, es la primera cantante de música venezolana llevada al Japón, también se dio cita en la conversa parroquial para Épale. Cuenta que aunque no nació en la parroquia se siente Josefina, y rescata las actividades culturales que se encuentran haciendo en la zona, desde la escuela de música Edith Salcedo que se creó con la intención de impartir actividades culturales a niños del sector y le pusieron ese nombre en su honor.

Los cronistas de San José, Edith Salcedo, profesor Anibal Isturdez y Sr. Chang

El Mercado de las Flores

Está ubicado en la esquina de San Luis al final de la calle de Cotiza, palabra que viene de la artesanía con la cocuiza. Ese camino, en la antigüedad era paso del galipanero, y también unía las poblaciones de La Guaira con la ciudad.

Los galipaneros cultivaban fruta y flores y bajaban con cestas a la ceiba de San Luis donde eran comercializadas, así surge el mercado, los vecinos lo han protegido por su significado histórico en la venta y exposición de flores y comenta que han habido intentos para eliminarlo, los habitantes se han negado en lucha cívica a que desaparezca.

Parada del mercado de las flores, referente de Cotiza y de los galipaneros

La necesidad de meterle mano

Bajo un árbol del Panteón ya nos íbamos a despedir, Isturdez me lo señala explicándome que fue conservado por la parroquia y dedicado a Manuelita Sáenz: “La estructura de la flor metálica del Panteón, nada tiene que ver con la sensibilidad de una rosa.”

San José está llena de vida e historia, sus grandes estructuras se resisten al paso del tiempo, y sus habitantes anhelan un cariñito para su parroquia, tan importante…

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El hombre de la montaña, cronista de San José, Anibal Isturdez

Para él existen potencialidades turísticas en la parroquia, hace un llamado a las autoridades a que se aboquen al embellecimiento de la zona colonial de San José, la fachada del edificio providencia, el embellecimiento de ese y de todas las casas que aún presentan una fachada antigua, la iglesia de San José, la problemática que tienen con la basura.

San José está llena de vida e historia, sus grandes estructuras se resisten al paso del tiempo, y sus habitantes anhelan un cariñito para su parroquia, tan importante  para la medicina y para Caracas y sus Josefinos.

Aníbal Isturdez Rodríguez con sus 68 años fue mi guía por el paso de la parroquia, se define resiliente ante sus discapacidades, pero su mayor alegría es ser quien es y tener la gratitud de tardes como hoy que lo nutren de satisfacción, ya que se valora en esta cita los valores de su parroquia querida. Al caminar los vecinos le exclamaban el hombre de la montaña o ¡Cronista! La presencia del profe es importante para la comunidad, con su verbo fluido fue mi guía en lo que él llama la ruta turística de San José.

Iglesia parroquial San José inaugurada en 1889

ÉPALE 440