85 años no es nada

Por Pedro Delgado / Foto Archivo

Una crónica buscada en la red firmada por Rafael Dupouy Gómez y una llamada al teléfono a mi amigo Juan Mijares, caballero de por estas calles, dieron pista a este escrito retrocedido en el tiempo: 25 de abril de 1935, la llegada en tren a la  estación Caño Amarillo del cantante argentino Carlos Gardel. Consultar a Dupouy Gómez (con tan detallada pluma y una breve muestra fotográfica y fílmica) más el testimonio de Juan (memorioso y lúcido testigo de aquel entonces) sirvió para este modesto relato. Al respecto sobran detalles escritos con anterioridad.

En cuanto a la crónica, diremos de su precisión asoma al paso de aquel suceso que conmocionó al público caraqueño amante del tango, con arremetidas para agarrar al cantante, los instrumentos de la banda musical por los aires, la grama y las flores pisoteadas por la gente en pleno, el carro donde debía ir al hotel Majestic (averiado en el camino); de resultas, todo un verdadero despelote. Una de las fotos muestra un tumulto arropado de pajillas y sombrillas testimoniando los vivas al ídolo.

A Juancito le debemos el recuerdo y el cuento de haber estado ese día cerca de allí, agolpado entre la muchedumbre con su menuda presencia y su aguda memoria. “Yo estaba por la esquina de Solís, pero hacia Caño Amarillo había mucha gente y me fue imposible pasar. No lo pude ver, pero sí disfruté bastante la alegría caraqueña”. La crónica de Dupouy va mas allá al decirnos que al día siguiente, bajo un fuerte aguacero, se presentó en el Teatro Principal con un lleno total y que la primera canción cantada por Gardel fue “Cobardía”, composición de Charlo y Amadori, de un total de siete interpretaciones: No sé qué daño he hecho yo pa merecer / esta cadena inaguantable de dolor / que cuando no te beso, no puedo respirar…

“Me hubiese gustado verlo, sigo siendo su admirador. Aunque en Argentina había muchos cantantes, él era quien cantaba con un sentimiento de pueblo. En Venezuela hubo muchos imitadores, pero como él ninguno”, agrega Juan en medio de una conversación acuartelada en casa, por fuerza y motivo con nombre y apellido: cuarentena covid-19.

“85 años no es nada”, pareciera decirnos como parodia Dupoy Gómez al rematar que fue el 23 de mayo de 1935 cuando Gardel partió de Venezuela hacia Curazao para luego viajar a Colombia, donde encontraría la muerte el 24 de junio de ese mismo año.

ÉPALE 370