A moco suelto

Por Pedro Delgado / Ilustración Justo Blanco

Vieja que se respetara por allá por los tiempos del general Pérez Jiménez y más acá, debía estar fajada en sus comunes oficios caseros oreja a oreja con algún drama radionovelero repleto de interioridades humanas entrampado dentro de un Philips, General Electric o Telefunken, por ejemplo, marcas cacherosas adquiridas en el Almacén Americano, Imgeve o J. Sabal y compañía, por decir algo.

La tía Herminia, pastoreña por demás, no se pelaba esa cadena extendida prácticamente desayuno, almuerzo y cena, significando para ella estar pegada a Radio Continente o Radio Rumbos durante todo el día, solo con interrupciones a la hora de los noticieros. La veía llorar a moco suelto y secar sus lágrimas en su delantal de cocina. Redundaba el momento cuando Arquímedes Rivero, Rosita Vásquez, Olga Castillo, Josefina Guinand, Horacio Saro, Argenis Chirivela, Gladis Hernández, tan solo algunas de tantas glorias de la radio, se plantaban en el estudio a renacer momentos sacados de la vida misma.

Igual de seguro era, que cuando disfrutando de ‘El derecho de nacer’, ‘Tamakún’, ‘Los tres Villalobos’, ‘Charlie Chan’, ‘Martín Valiente’… nadie le hiciera bulla por estar concentrada en lo más íntimo del melodrama. Aguzaba su oído a la hora del abrir de una puerta, el sonido de pasos, el galope del caballo, la lluvia, o el viento, marcado por los efectos de sonido en el estudio, digeridos con exactitud de buena escucha. Era la pericia del narrador en medio del libreto de voces alrededor del micrófono, lo que marcaba la pauta: ubicación de la escena, detalle del ambiente, caracterización del personaje, dándole a la narración ese sello personal del buen profesional de los micrófonos.

Para tía Herminia lo máximo en lides narradoras fue don Armando Pompeyo Martínez, sanjuanero de los buenos, e inconfundible dentro de una cabina de radio. A él seguía religiosamente en los bloques de radionovelas o perifoneando noticias, donde también fue un verdugo con los sucesos llevados a la redacción de la emisora. Con una de sus yuntas, José Rafael Gómez, dictó cátedra cantidad de tiempo por Radio Rumbos: “El periódico impreso en la radio”, su slogan. Todavía evocamos el característico sonido de la marimba intercalando las noticias salidas por la voz de tan ilustre personaje. A la tía la llevamos siempre en la memoria, sobre todo a la hora de un buen recuerdo como éste.

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