Alegría cultural de la resistencia

Por Aracelis García Reyes • @aragar1 / Fotografía Alexis Deniz • @denizfotografia

En el año 2008, la organización Guinness World Records, realizó una encuesta en la que se estableció que el 57% de los venezolanos y venezolanas consultados, decían ser bastante felices. Por supuesto, no faltó un amargado o amargada que dejara asomar la hiel por la comisura de los labios, vociferando que ese informe “lo había pagado el gobierno”.

Mucha agua ha corrido debajo del puente desde el 2008 a la fecha, tanta que el último informe de esta misma organización, el nombre de Venezuela aparece en el puesto 108, señalado en el mapa en color violeta y con una carita triste. Sin embargo, y como sabemos que estos datos aparentemente neutrales no son inocentes, nos preguntamos qué estratos de la población muy, muy feliz, fue entrevista en el año 2008 y cuál se declara tan infeliz en el año 2022. En lo personal, un poco sorprendida por la “inusual y extraordinaria” forma que tiene nuestro pueblo de afrontar las dificultades, me genera suspicacia este informe de Guinness World Records y la información adicional con la cual se cruzan los resultados de la encuesta. Sobre todo, porque conozco y reconozco la capacidad casi incomprensible que tenemos en Venezuela de reírnos de nuestras propias desgracias.

Este es el pueblo del convite, verbena, cayapa, sancocho, parrilla, cervezada, mondongo, paella, vente tú, fiesta de traje, playa los domingos con arroz con pollo, fosforera, rompecolchón, guarapita, marcha, etcétera. Todo, todo lo celebramos. Hasta en los velorios, se suele escuchar un contundente y alborotado “truco”. Las tías que tienen tiempo sin vernos, celebran lo grande y bella que están sus sobrinas y nos enteramos y reímos sobre divorcios, arrejuntaos y otros chismes familiares. Los comentarios de que el fallecido, “quedó igualito y con una sonrisa en los labios” es lapidaria. No falta quien nos lance una mirada juzgadora, tipo encuesta. Esta forma de ser y estar, es inimaginable para quienes nos miran desde afuera, aunque estén adentro. Para quienes pretenden definir la felicidad como un estatus y no como un sentir, intentando equiparar, tener a ser.

Algunos aseguran que para nosotros el humor es una válvula de escape, yo diría que es, más bien, una forma de entrarle a la realidad y movernos dentro de ella, sin que esta nos asfixie. Es una defensa ante la pretensión de robarnos el patrimonio de nuestra alegría. Esa que el pueblo Caribe tanto defendió y que no han podido arrebatarnos.

ÉPALE CCS N°474