Alejandro López: “Caracas está viva aunque malherida”

El Museo Nacional de Arquitectura se mantiene como una vitrina abierta para debatir las distintas maneras de pensar la ciudad y salvarla de su definitiva devastación. Todos participan sin poses

Por Marlon Zambrano • @marlonzambrano / Fotografía Julio Martus

El Museo Nacional de Arquitectura (Musarq) pasó de ser una institución modesta y prácticamente muda desde su creación en 2006, hasta que a partir de febrero de 2018 recibió un contundente impulso con el inicio de la gestión de Alejandro López Arocha como su director ejecutivo. Fue un cambio sustancial y sistemático que concentró sus esfuerzos en visibilizar la relación entre la planificación y la cotidianidad, esa simbiosis a veces difícil de lograr desde la distancia encumbrada de los especialistas.

López sacó del ostracismo al museo, le inyectó vida, logró mimetizarlo con su entorno, y desarrolló una programación consustanciada con la realidad-país, casada con la arquitectura y su irremediable relación con el tejido profundo de la ciudad, bajo la premisa de sostener “un gran debate nacional para formular nuevos enfoques y estrategias hacia el desarrollo territorial, urbano, de la vivienda y la arquitectura, que reflejen los procesos actuales de cambios políticos, culturales y sociales, del país”.

Es el artífice de una serie de debates, primero presenciales y actualmente vía on line, que han sentado en la mesa de discusión a distintos actores, planificadores y decisores que tienen que ver con los cambios que necesita la arquitectura para bajarla de los despachos y trasladarla a la calle, en diálogo abierto con sus receptores naturales, el pueblo.

Alejandro López ostenta, con humildad de asceta, un aval impresionante para testimoniar su amor por lo que hace y una perspectiva panorámica desde donde mirar a Caracas: Cincuenta años de ejercicio profesional como consultor en instituciones públicas y privadas, docente, conferencista, panelista, funcionario, planificador, etcétera. Además, es un revolucionario.

—¿Qué son los debates del Musarq?

—Alrededor del museo se ha creado un equipo interdisciplinario con diversas visiones, saberes y haceres en los aspectos territoriales, urbanos, vivienda y arquitectura, para revisar, reflexionar, debatir y elaborar orientaciones viables y sustentables para las políticas públicas en esos asuntos. Los debates (inclusivos) son una herramienta para confrontar constructivamente diferentes miradas, con respeto y rigurosidad, y fundamentar conclusiones y propuestas concretas. Hemos realizado 45 encuentros sobre ciudad, vivienda, patrimonio, riesgos sísmicos, espacios públicos, formación profesional, “ruinas urbanas”, protagonismo popular, ciclismo urbano, entre otras materias.

—¿Quiénes deben repensar la ciudad y para qué?

—Cuando se observan, objetivamente, signos de anormalidades, severas o leves, en todo proceso o resultado, es vital examinar y evaluar de forma integral las causas, más allá de lo visible y aparente. Nuestras ciudades vienen dando muestras de disfuncionalidades, y si estamos de acuerdo en que ellas reflejan a la sociedad y su evolución social, política, cultural, económica y ambiental, entonces, es impostergable analizar lo que estamos haciendo para tomar los correctivos necesarios, lo cual compete tanto a los diferentes ámbitos del estado, como a los sectores comunales, universitarios, productivos, es decir, a todos según sus capacidades y responsabilidades.

—¿Caracas ha sido medianamente pensada?

—Sí. Pero de manera discontinua, descoordinada y dispersa, tanto de actores como de políticas, planes y acciones. Sin visión integral, sistémica y multidisciplinar. Con excesiva influencia y transferencia mecánica de enfoques y “soluciones” de realidades muy diferentes y hasta contrarias a la nuestra. Caracas se ha visto más circunscrita a los cinco municipios de su valle, en vez de un sistema regional de ciudades, interdependientes entre sí, con fabulosas potencialidades pero también con severas distorsiones. Superar esto exige plantearse lo urbano como política de estado como se ha hecho en salud, educación, vivienda. Los problemas de Caracas se empiezan a resolver si equilibramos, en servicios y productividad, a sus vecinas: La Guaira, Guarenas, Guatire, Valles del Tuy, Altos Mirandinos, etcétera.

—¿Es recuperable en su estética y su ética?

—Claro. Pero requiere llegar a lo antes dicho, que las ciudades sean política de estado. Y emprender un audaz proceso de rediseño y replanteamiento de las formas de gobierno, gestión, planificación, entre otros temas. Pero, reiterando, es esencial concebirla como un conjunto regional de asentamientos con características y potencialidades diversas, no con la miopía de sólo cinco municipios del valle. Hay que tomar decisiones estructurales, detonantes.

—¿No crees que los burócratas y los planificadores la asesinaron?

—Caracas está viva aunque malherida. Es recuperable y sus cicatrices, siendo optimista, podrían regenerarse en un futuro demoliendo y transformando unos cuantos conjuntos y edificaciones de inhumanas alturas y densidades, contrarios y perjudiciales para el buen vivir colectivo. Por otra parte, efectivamente desde hace mucho tiempo, funcionarios nacionales, regionales y locales (designados o electos) y profesionales (sobre todo arquitectos e ingenieros), han cedido a la dinámica y lógica de los mercaderes de la tierra y del negocio inmobiliario. El lucro mercantil ha prevalecido sobre nuestros valores éticos, culturales, patrimoniales y hasta climáticos-ambientales.

—El patrimonio que sobrevive como La Concordia, por ejemplo, ¿se puede recuperar?

—Las respuestas a las anteriores interrogantes dan luces al respecto. Más puntualmente, es indispensable reforzar al Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), en su estructura y capacidad política-técnica, así como su autoridad, poder y mecanismos para hacer cumplir sus decisiones. Otra medida detonante, que sería un viraje notable, es sustituir la concepción de declarar patrimonio a edificaciones aisladas, por la elaboración de poligonales urbanas patrimoniales, conformando sectores a proteger, recuperar y preservar. Esto incluye conjuntos de edificaciones y espacios públicos.

—¿Le conmueve que Caracas sea una ciudad deteriorada? 

—Caracas es una ciudad maravillosa, debido a su gente, cultura, ambiente, hay que actuar con talento, imaginación, decisión, coherencia y continuidad para que lo siga siendo y evolucione sin que se degrade. Desafío que estimula y emociona. Pero, al mismo tiempo, preocupa ver poca y débil conciencia general sobre la relevancia de la ciudad, de lo urbano, como parte trascendental del desarrollo del país y de su actual proceso de cambios.

—¿A quién le compete salvarla?

—Al estado con las comunidades, apoyados por gentes con sensibilidad, formación y comprobada experiencia en las variadas disciplinas del conocimiento que están vinculadas con lo urbano, como los arquitectos, quienes tenemos notables responsabilidades y un desafiante y especial rol político-técnico. ¿Para cuándo? ¡Ya! Por eso desde el Musarq estamos haciendo un esfuerzo modesto pero significativo, para influir en la concientización general sobre el papel de la ciudad en el desarrollo del país que estamos forjando y de generar propuestas autóctonas, que respondan a lo que somos y debemos ser, dirigidas a los gestores de las políticas públicas.

ÉPALE 421