Alexander Gil: Un gato que vuela con el repique del cuero

Swing Latino

Este percusionista tiene más de tres décadas en la movida musical, dando con su toque el sabor necesario que la música afrocaribeña requiere

Por Natchaieving Méndez  ⁄  Fotografía Alexander Gil

Dicen que quienes nacen en el Zulia tienen el ritmo y la armonía en su ADN. Realmente no sé si es así, pero si se toma como referencia a Alex Gil, o como lo llaman sus panas de faena: “el Gato volador”, pues ciertamente este principio se cumple.

Tal como los felinos que no pasan desapercibidos, Gil se hace notar con su repique de tumbadora y la espontaneidad, humildad y cortesía de su trato. Nació en Maracaibo un 20 de marzo de 1966 y creció en Caracas, específicamente en la parroquia El Valle, cuna de muchos músicos.

Entre juegos propios de muchachos, “el Gato” drenaba su inclinación hacia la música con un “perolito de lata que amarraba con alambrito, cartones” y allí comenzó una historia musical que en su familia parte de él, pues entre sus seres cercanos no existen músicos de referencia. “Viendo la televisión, La Billos, oyendo gaita, oyendo y escuchando, allí empecé con eso. Del perolito poco a poco fui creciendo y pude comprarme mi instrumento y tocaba gaita, tocaba salsa”, relató.

Entre sus amigos de calle estaba Porfi Baloa con quien hasta la fecha no solamente mantiene lazos de amistad, sino que además ha compartido gran parte de las más de dos décadas que lleva en la movida musical. “Estudiamos juntos en El Valle, él estaba en un grupo y yo en otro. Había mucha competencia, allí nos conocimos”, dijo.

No recibió clases formales de música, estudió en la gran universidad de la experiencia. A principios de la década de los 80s, Gil perteneció en la orquesta Bronko, agrupación con la que tuvo la oportunidad de viajar a Colombia (1987) y participar en el Festival de Orquestas de Cali, en donde los venezolanos no solamente le ganaron a los colosos del Grupo Niche sino que engrandecieron aun más el talento criollo.

De esta experiencia, el músico estuvo con la orquesta Salsa y deseo, dirigida por el músico Miguel Rosario y luego siguió con “El sonero del amor” Hildemaro José Ugas Amarista, a quien acompañó durante cinco años. A partir de allí “el Gato” estuvo con diversas agrupaciones, entre ellas con su compañero de parroquia (Porfi Baloa) a quien ha acompañado por 25 años en los que ha recorrido diversos países de Europa y del continente americano.

Una de las referencias musicales para este percusionista es Orlando Poleo y Alfredo Villamizar. Con el primero no ha tenido la oportunidad de recibir clases pero si ha compartido escenario en San Agustín (Caracas), donde ambos, desde distintas orquestas, han demostrado su pasión por la percusión.

Cuando Gil toca las tumbadoras, las congas o cualquier otro instrumento de percusión, pareciera que levitara. La emoción que transmite en su ejecución, contagia no solo al resto de sus compañeros de orquesta sino a quienes lo espectan. “Para mí la música es toda mi vida, es lo mejor. Ese instrumento (percusión) es fuerte, no es fácil, todo el mundo lo ve, “le vamos a dar así”, no, eso no es así y menos la música de Porfi que es fuerte, rápida. Y la conga más que yo he recorrido el mundo.

“El gato” tiene entre sus metas concretar un proyecto con su hijo Alvi Gil, quien también es percusionista y en estos momentos se encuentra en Colombia. Un trabajo que si tiene todo el entusiasmo y talento de este zuliano-caraqueño tendrá un éxito seguro, Más ná…¡Saravá!

ÉPALE 369