Amor gitano

Por Humberto Márquez / Ilustración Erasmo Sánchez

Este famoso bolero del compositor puertorriqueño Héctor Flores Osuna, es el propio para decir que, si hay un disco para cortarse las venas, es el bolero moruno ‘Mal Pago’, cuando dice “Toma este puñal, ábreme las venas/ quiero desangrarme, hasta que me muera/ no quiero la vida si he de verte ajena/ pues sin tu cariño no vale la pena”… sin embargo, más de uno dirá, ¡épale pero ese es ‘Amor gitano’!, y no les falta razón porque en el año 1967, fue grabado con ese título en el LP ‘Sombra…Una Voz, una Guitarra’ para RCA Víctor por el portorriqueño José Feliciano.

Como ‘Mal pago’, fue grabada primero por Ray Arroyo y su trío, en el año 1960, y cuando Feliciano le cambió el nombre, Flores Osuna se hizo el loco porque cómo iba a reclamar después de la cantidad de dinero que cobró por las inmensas regalías, aparte que, más allá de la emblemática de Feliciano, fue grabada en más de 80 versiones por numerosos cantantes como Alci acosta, Andrés Cepeda, La Lupe, Blanca Rosa Gil, Lucía Méndez, Tania Libertad o las españolas Isabel Pantoja y Rocío Jurado, sola y a dúo con Feliciano, entre otros y otras.

Amor gitano es precisamente la saga de un mal pago, la historia de una traición capturada en el seguimiento del amante o la amante según sea el caso, como lo atestiguan los primeros versos: “Ayer, te vi pasar con él del brazo/ y sin que lo notaras, te seguí los pasos/ Ayer pude comprobar, que tú me fingías después que lo juraste, que no lo querías”… y después del dramático puñal viene la humillante súplica cargada de dolorosas interrogantes: “Por qué, dime por qué, me has engañado/ si yo todo lo que tú has querido/ yo siempre te lo he dado… Por qué te burlas de mí, amorcito mío/ porque después que te he querido/ me das tan mal pago”.

Hay otros amores gitanos, que no tienen que ver con el de Flores Osuna, el Amor gitano de la telenovela mexicana del mismo nombre, y el tema Amor gitano de la serie colombiana “El Zorro: la Espada y la Rosa”, interpretado por Beyoncé y Alejandro Fernández.

ÉPALE 409

Previous article

Tan poquita fe

Next article

Mujer divina