Andrés Levell: la música un reto espiritual más allá de lo estético

Bitácora Sonora

Con temáticas turbias o poco ortodoxas, para él desde el Arte, la materia se transmuta y la música es una transmutadora de realidades

Por Rocío Navarro Amaro • lamusica.flauta@gmail.com / Fotografías Alejandra Corrales

Lo que más me interesó de Andrés Levell, es su aproximación a distintas expresiones desde el arte que practica, ejecuta y ama, que es la música. Caraqueño de pura cepa, tomó el piano como elemento de expresión principal, pero no se queda allí. Usa técnicas de piano preparado para muchos de sus “improvisaciones”, que él considera “creaciones instantáneas”. Desde 2008 forma parte del ensamble de música experimental; El Sagrado Familión, con el cual lleva a cabo el proyecto de musicalización en vivo de cine mudo, proyecto que está retomando. A partir de 2016 desarrolla una técnica propia de composición musical la cual llama Técnica Anaklástica.

Su sensibilidad y búsqueda estética lo ha llevado a explorar, las relaciones de la música con distintas expresiones artísticas como la danza, el teatro y la escena, trabajando con importantes directores de escena, actores, coreógrafos y bailarines como: Claudia Capriles, Miguel Issa, Armando Díaz, Félix Oropeza, Anaisa Castillo, Giovanni Reali, Alexey Tarán, Carla Forte, Luis Villasmil y Rommel Nieves. Es interesante hacer referencia a su trabajo con el grupo Amaká y la obra A.L.M.A.

También ha realizado colaboraciones con escultores como su padre Javier Levell, con pintores como Víctor Hugo Irazábal, y poetas como Armando Rojas Guardia. Actualmente forma parte del proyecto poético-musical 4 Grados del Fuego.

En todo caso, es el cine, el que me ha convocado para acercarme a este artista caraqueño. Levell ha realizado la música original para cortometrajes y largometrajes (tanto de ficción como documentales) de diversos cineastas venezolanos, entre los que destacan: Rober Calzadilla (“El Amparo” 2016), los hermanos Andrés y Luis Rodríguez (“Un destello interior” 2020 y “Manos mansas” 2010), Francisco Denis (“Kueka” 2017) y Andrea Baranenko (“Yo, indocumentada” 2011). Son obras audiovisuales que dicen mucho de la realidad venezolana, y deben ser tomadas en cuenta para el recuento de nuestro sentido de pertenencia. En la película “Manos Mansas” podemos a escuchar a  nuestro querido Gasolina, por cierto

Me dice una anécdota: En “Un destello interior” de los hermanos Andrés y Luís Rodríguez,  con los que ya había colaborado hacía un tiempo en “Manos Mansas”, y con los cuales tiene gran afinidad estética, y mucha confianza por parte de ellos, a la hora de trabajar, mucha libertad creativa, pasó algo desafortunado. Había terminado la música para el largometraje y ésta se le pierde porque su computadora le falló. Los archivos se le perdieron, pero logró recuperar algunas cosas con las que pudo finiquitar esa banda sonora. Cosas que pasan con la tecnología.

Pero los invito a que entren en su página www.andreslevell.com. Hay algo de barroco y medieval en su imaginería. Juega con signos oscuros, con prohibidos nombres como Iblis; uno de los nombres del Diablo.

Considera que el compromiso real de un artista es con la trascendencia del espíritu. No importa la temática, el abordaje, la técnica o disciplina. Las temáticas pueden ser turbias o poco ortodoxas, pero justamente, es cómo desde el Arte, la materia se transmuta en todo sentido. Para él, la música es una transmutadora de realidades.

Otra historia: cuando nació, viene con una condición que es faltarle un conducto que une el oído con la nariz. Lo operaron y sus primeros recuerdos fueron de dolor de oídos. Tenía, además, los tímpanos en sentido contrario. El doctor le dijo a sus padres que habría pérdida considerable de audición, y que lo único que no podría ser es ser músico. Menos mal.

Andrés es muy activo: En su faceta de pianista intérprete, tendrá una presentación  en julio y pronto saldrá un disco de solos, quizás hacia septiembre, octubre de 2022. Pronto tocará con la Orquesta Barroca, música de Mozart, con charla incluida.

También escribe y acaba de publicar su libro Cuadernos de Urumaco, después de 17 años de trabajo.

Cerraré con esta frase: Cuando se trabaja con los sonidos, cuando se hace música, estamos trabajando con aquello que hace vibrar el Universo. Es sin duda, un reto espiritual más allá de lo estético.

ÉPALE 461