Andrés Salcedo: una voz imprescindible del fútbol

Por Gerardo Blanco@GerardoBlanco65 / Ilustración Justo Blanco

Nuestra pasión por el fútbol nació en la infancia vinculada a una voz refinada, culta y llena de matices que cada lunes en la tarde aparecía en el desaparecido Canal 5 de Venezuela, la llamada televisora cultural, que para rellenar su programación metía los partidos de la por entonces desconocida Bundesliga.

El hombre que relataba esos juegos, de un país por entonces dividido en dos mitades y que cargaba con el desprestigio histórico del nazismo y el horror de la Segunda Guerra Mundial, no tenía rostro; era una figura invisible que seducía con un estilo singular.

Aquella voz dejaba que el partido transcurriera, y narraba-comentando, aportando pinceladas educativas de una formación enciclopédica, a través de las cuales el pueblo y la cultura alemana entraban en casa para compartir la mesa. Y esos jugadores de ceño fruncido, potentes e implacables para convertir goles, se hacían familiares a través de los más singulares remoquetes.

Pierre Littbarski, el rapidísimo y menudo mediocampista del Colonia se grabó para siempre en nuestra memoria como “Migajita”; y el potente delantero del Bayern Múnich, Karl-Heinz Rummenigge, pasó a la historia como “Caperucita Roja”, pues tras el inocente rostro del número 9 se escondía un fiero bombardero.

Con el tiempo supimos que esa voz maravillosa de la Bundesliga pertenecía al narrador barranquillero, Andrés Salcedo. Después de dos décadas ganándose la vida en Alemania, Salcedo regresó a su tierra natal en busca de imponer su estilo pausado y sin estridencias; pero en Colombia nunca tuvo cabida en los grandes medios. Todo lo contrario a lo que ocurrió en Venezuela a partir de los años ochenta en los que su voz se hizo imprescindible en los partidos de las Copas Mundiales de Fútbol.

En una de esas ocasiones en las que laboró en Televen, Salcedo nos contó en una entrevista las peripecias de su vida de trotamundos. De cómo un apasionado romance lo llevó en barco a España, de la fortuna de haber trabajado por veinte años en Transtel de Alemania como traductor, narrador y hasta actor de reparto; y de una de sus más conspicuas pasiones.

Aunque había hecho fama como narrador de fútbol, el deporte que realmente lo seducía y conocía hasta la saciedad era el beisbol. Uno de sus sueños era narrar en Venezuela el choque entre los rivales eternos Caracas y Magallanes. Esa figura imprescindible del deporte mundial se apagó en días recientes en su natal Barranquilla, donde un severo infarto se lo llevó a los 81 años. Donde quiera que vaya, su voz seguirá en las canchas de fútbol “peinando el maizal”.

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