Armando Carías: hacemos comunicación artesanal

El creador del colectivo Comunicalle nos cuenta cuales son las motivaciones que hacen de su propuesta comunicacional

Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen / Fotografía Mairelys González

Todos los que crecimos bajo la crianza de padres ñángaras tuvimos el honor de disfrutar de las obras teatrales del Chichón. Siempre eran ocasiones felices poder ser parte de las obras de teatro, y que los actores y actrices reaccionaran ante las propuestas que les hacíamos las niñas y niños desde el público. Crecimos, y surgió el proyecto Comunicalle, otra criatura de Armando Carías, que desde hace tiempo viene haciendo ruido en las esquinas y plazas de la ciudad, y que arriba ocho añitos de vida activa en la guerrilla comunicacional, usando la creatividad y la imaginación como armas más certeras para derrotar la ignorancia.

Comunicalle es un medio comunitario

—¿Cómo surge el concepto de Comunicalle?

—Mas que un concepto, Comunicalle es una propuesta comunicacional artesanal. Te digo artesanal y no alternativa: esa es una categoría que no comparto porque le da un rol a la comunicación directa. Un rol de lo que es socialmente aceptado. Nosotros creemos que la comunicación que se hace cuerpo a cuerpo, artesanal, a pequeña escala, inclusive piezas únicas, como suelen ser los ejemplares únicos de alfarería o pintura, son tan válidos como la comunicación masiva. Somos una apuesta que nos aproxime al ser humano, dándole su verdadera significación como individuo. Por eso no solo usamos las artes escénicas, sino la comunicación humana directa.

—¿Se puede considerar Comunicalle un medio de comunicación popular y alternativa?

—Claro que lo es. Las categorías comunicacionales se van estereotipando. Cuando hablamos de medios comunitarios, muchos medios comunitarios que se autodenominan así no lo son. Son casi que empresas privadas. Los medios alternativos, ¿son alternativos a qué? A lo que el status quo determina que es aceptado socialmente. Cuando uno cae en la trampa del lenguaje, le está haciendo el juego a una estructura de poder que legitima lo que es y lo que no es.

—¿Qué hay de teatro en la comunicación, y cuánto hay de comunicación en el teatro?

—En la comunicación social la fórmula “emisor-mensaje-receptor” expresa la naturaleza misma de la relación de los seres humanos. En el teatro sucede exactamente lo mismo. Hay un artista que necesita expresarse. Con expresarse, a veces es suficiente. No es el caso nuestro. Por eso nos llamamos “Colectivo artístico comunicacional”.

Nos apoderamos de una categoría que creó Augusto Boal, dramaturgo brasilero, creador del Teatro del Oprimido, denominamos a quienes nos reciben “especta-actores”. En mi rol de periodista lo llevo a cabo. A cada momento interrogo al público, qué le parece, qué le quitaría. De ese modo se cumple un axioma del teatro revolucionario, que dice que el teatro puede ser un ensayo de la revolución.

Más que piezas teatrales

—¿Cómo es el proceso de ensamblar una pieza teatral?

—El proceso es muy diverso y depende del grupo, del autor, del tema y de la dinámica que cada quien trabaje. Un autor en su soledad con sus ideas desarrolla una técnica maravillosa. Pero hay otra forma de hacerlo. Existe un método muy trabajado que se llama “La creación colectiva”. Está muy asociado con el sentido colectivo en que entiendas la vida. Por eso es un teatro muy político, y está vinculado con las luchas sociales vinculadas a lo colectivo, lo grupal.

—¿Cómo es tu equipo de trabajo?

–En el teatro que yo hago, he ido aprendiendo que toda persona tiene el don de la comunicación. He comenzado a incorporar a Comunicalle personas sin experiencia. De hecho, actualmente en el elenco actúan la señora de la limpieza de Comunicalle, la secretaria de Comunicalle, un estudiante de Unearte y no actores. El teatro tiene la cualidad de que la palabra y el gesto lo dicen todo. Me sirve cualquier persona con la esencia de la comunicación. Como la comunicación es un derecho humano, no puedo negárselo a nadie.

—¿Qué anhelas montar en teatro?

—Yo cumplo este año más de cincuenta años en teatro. Me he paseado muchas escuelas. Cuando descubrí Comunicalle, comencé a quitarme capas, y me quiero quedar desnudo. Yo no hago montajes: hago acciones comunicacionales breves. Si de aquí a mañana hay un suceso notorio que hay que llevar a la calle, en medio día armo una propuesta, y al día siguiente estamos en la calle. Cuando Obama dio su decreto que nos asignó el rol de una amenaza inusual y extraordinaria, ese mismo día en media hora ya estábamos en el semáforo de parque Carabobo con pancartas y banderas. Eso es una acción comunicacional.

—¿Sigue siendo vigente el teatro en estos tiempos 2.0?

—La pandemia es una cosa y el tiempo 2.0 es otra. La pandemia nos obligó a hacer cosas en video. Hemos grabado con el canal 123 TV y videos caseros. Pero nuestro feedback real no es ese: es la calle. Una vez una loca me pegó un escobazo en la cabeza. Así como otras veces nos besan y abrazan. A nuestro personaje Matria hay gente que le reza, le ora y le dan limosnas. Sigue vigente el amor en estos tiempos 2.0.

No debemos idealizar la infancia

—En todos tus años de teatro infantil, ¿Consideras que los niños son siempre los mismos, o han cambiado?

–Uno tiende mucho a idealizar la infancia y la infancia es un tiempo muy difícil. Los niños quieren crecer rápido: pocos niños quieren quedarse niños. Es una edad que, salvo excepciones, es muy dura. A veces, con padres maltratadores, una sociedad que los niega, que no está hecha a su escala ni a su medida. Yo intento entenderlos. Mi elenco procura ponerse a la altura de los ojos del niño. El trabajo con un niño supone una gran ética y una entrega. Es difícil trabajar con un niño, una niña, si no se le ama. Los niños traen los mismos vicios y las mismas cualidades que sus padres.

—¿Qué opinas sobre formar políticamente a los niños?

—Totalmente de acuerdo en formar políticamente a los niños, sobre todo antes de que lo hagan Walt Disney y el reguetón. Pasa que ellos no creen que eso es política. Mucha gente cree que la victoria contra el nazismo fue de Estados Unidos, y eso gracias al Hollywood.

Con “Manuelita, una niña en la revolución”, hice una niña política por la calle del medio, y muchos me destrozaron. En el Chichón hice La Estrella Azul, por poco y no me llevaron a la horca. Hay que hablarles a los niños de política. Como dice Manuelita: “La política es algo muy serio para dejárselo solo a la gente grande”.

—¿Qué mensaje deseas darle a la comunidad de Épale CCS?

—Tanto Épale CCS como Ciudad CCs, como el Especulador Precoz, Cuentos para leer en casa y todos los encartes que saca la Fundación para la Comunicación Popular CCS son lo mejor que se está haciendo en Venezuela en periodismo. Lo único que les reclamo es que no me dejaron ni un poquitico de torta de la que hicieron (risas).

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