Bachilleras

Por Ana Cristina Bracho • @anicrisbracho / Ilustración Astrid Arnaude • @loloentinta

Las paredes de las casas viejas aún podrían tararear una copla que en alguna época se usó como un consejo. Decía: “No te cases con niña politiquera ni menos te enamores de bachillera”. Y nos desnuda un pasado en el que aquella osadía, la de pretender estudiar y admitir saber, ponía en riesgo el sagrado título de “muchacha de su casa”, que era el primer requisito para ser elegible como esposa.

Hoy, que cuando abrimos las puertas de los salones, de las industrias, de los cuarteles o de las oficinas, vemos sin ninguna sorpresa la presencia afanosa y en cualquier rol de una mujer, tenemos que saber que no siempre fue así y que se persiguió, de mil maneras, a quienes lo intentaron. Las fórmulas para evitarlo fueron muchas, algunas originadas en las intenciones de protegerlas, por ejemplo, del riesgo de que fuesen mal vistas por asistir a colegios y universidades con hombres.

Tomé esa sola copla de un tiempo que ya se fue para invitarles a imaginar lo que debieron sentir las que se atrevieron a ser las primeras bachilleres y las primeras universitarias de Venezuela. Fue una gesta impresionante pues, en los tiempos que la economía comenzaba a moverse, y el país hervía entre la búsqueda de su destino y la noche gomecista, tuvieron que enfrentar un país en el que como dice María Teresa Castillo: “Para Gómez, la mujer no existía”, desde allí hasta cerrar un siglo donde conquistaron el espacio público.

Esto se fue haciendo con garra, como un proceso acelerado, indetenible e irreversible pero irónicamente invisible. Para escribir esta columna fracasé en el intento de conseguir listas claras. No sé quién fue la primera, ni la segunda. No sé si primero tuvimos una periodista o una ingeniera. Sé que a la lista de fiestas nacionales le faltan mujeres y motivos feministas. Sé que cierro esta columna y me voy a trabajar, rodeada de colegas, hombres y mujeres en la misma mesa, queriendo saber quiénes lo hicieron posible, y si alguna vez vamos a celebrarlas.

ÉPALE CCS N°475

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