Caminito 1

Por Humberto Márquez / Ilustración Erasmo Sánchez

Volvamos al tango, después de un largo tiempo. En 1926 Carlos Gardel publicó para el sello Odeón el tango Caminito de Juan de Dios Filiberto con letra de Gabino Coria Peñaloza, es la saga del amor perdido de María, la pianista que Gabino encontró por esos azares del destino, y su origen tiene doble data, la letra se produjo en un caminito y la música de Filiberto en otro. El Caminito de La Boca para ser preciso.

Cuentan los cronistas que por el año 1902, viajaba el poeta de Chilecito a San Luis, cuando en la provincia de La Rioja la crecida del río lo dejó varado en Olta por varios días, donde fue alojado por familiares. Y en eso recibe la invitación para una tertulia en casa de una distinguida familia, en la que había el primer piano de cola que llegara desde Chile a lomo de mula. Para hacer el cuento corto, cuando la profesora de piano explicó que no lo podía tocar porque había enviudado recientemente, llamó a una de sus alumnas, y cuando la muchacha de diecisiete años lo tocó, no sólo que se conocieron, si no que se enamoraron locamente. Aquel tórrido romance quedó plasmado en un poema titulado Caminito, que evocaba el sendero rural donde se encontraban los enamorados. El caminito de Coria Peñaloza era “el que transitaba Gabino para encontrarse con su amor y el que acunó su ardiente y frustrado romance a la vera de una acequia rumorosa”.

A todas estas, el río volvió a su cauce, el poeta marchó con promesa de volver, pero al regresar ya la muchacha no estaba porque fue enviada por la familia a otra ciudad, para separarlos. “Caminito que el tiempo ha borrado/ Que juntos un día nos viste pasar/ He venido por última vez/ He venido a contarte mi mal”… el poeta le habla al caminito, como confidente y como testigo silencioso de su soledad y su tristeza. El caminito se hace personaje de lugar para recordar su gran amor perdido.

“El sentido de la letra puede interpretarse como una intención del poeta de matarse («yo también me voy»; «que el tiempo nos mate a los dos»), pero también como una decisión de marcharse también él, para seguir con su vida, a pesar del dolor de haberla perdido”.

ÉPALE CCS N°478

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