Carabobo en blanco y negro

                                      Por Griselda Rada • Red de Historia Caracas                                            Ilustración Erasmo Sánchez / Fotografías Archivo

Para la historiografía tradicional, no ha sido fácil deslindarse del protagonismo de la población negra en el contexto de la sociedad colonial venezolana. La simplicidad fantasiosa en que presentaron los hechos irreverentes de negros, mulatos, zambos esclavos y la manera perjudicial al tratamiento de las insurgencias del negro Miguel, Andresote y José Leonardo Chirinos, que exigían libertad, son desvinculadas de las posteriores revueltas. Durante los sucesos desencadenados a partir de 1810, cuando se inicia el proceso para la instauración de una nación independiente, los actos del Congreso reunido en 1811, se enfocaron en debatir la legalidad, nombre, estandarte y requisitos para los ciudadanos que ostentaran conducir la naciente república. Se encuentra en la historiografía sobrados justificativos por el celoso resguardo de los intereses económicos –de los miembros del Congreso y la Sociedad Patriótica–, minimizado el ausentismo que exhortara la abolición de la esclavitud, se oficializó cínicamente la “prohibición de la importación de esclavos” que se mantuvo de forma
clandestina.

Así nació Venezuela, legítima e indiferente hacia quienes fueron el motor de la prosperidad económica en todas las provincias. Bajo ese escenario, se vigorizaron las condiciones de inestabilidad que dieron empuje a las revoluciones incitadas por José Tomas Boves en el año de 1814, carentes de ideales, contribuyendo inexorablemente a la pérdida de la primera y segunda república. Muchos esclavizados, huyeron constituyéndose en cimarrones, mientras otros se adhirieron al ejército realista, en una lucha de odio contra los blancos mantuanos que desestabilizó el sistema político y social de Venezuela; otros, por el contrario, se incorporaron al bando patriota aspirando la libertad. En consecuencia, se liberó una terrible guerra civil y social, haciendo necesario el envío de Pablo Morillo para “pacificar” el territorio. Simón Bolívar, se enfrentó a esa vorágine y a pesar del destierro, proclamó varios decretos abolicionistas (1816) y formal solicitud ante los Congresos de Angostura (1819) y Cúcuta (1821).

1821 fue el año decisivo para la Independencia de Venezuela. Ambos ejércitos dirigidos por los altos jefes militares, el Libertador Simón Bolívar y el vencido Miguel de la Torre, contribuyeron de manera genuina con la irrupción de la historia insurgente, en blanco y negro. Amplio fue el mosaico patriota de masa humana: blancos criollos, de orilla, peninsulares, pardos, indígenas, mulatos, zambos, negros libres y esclavizados con la aspiración de libertad tan a cuestas que prefirieron morir en el campo de batalla que, regresar a la esclavitud, Pedro Camejo solo es uno de ellos. Esclavizado, nacido en San Juan de Payara (Edo. Apure), Negro, sobrado y celoso de su dignidad que inspiraba algunos temores. Comenzada la guerra de Independencia, era el primero en arrojarse al combate, ganando el título de Negro Primero. Su estadía en el ejército realista fue a cambio de dinero y portar uniforme, pero Camejo desertó para incorporarse al ejército dirigido por el general José Antonio Páez, quien lo inmortalizó como héroe tras su muerte, al sacrificarse y no ver consagrada la victoria.

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