Caracas está en modo bicentenario (hace rato)

Por Clodovaldo Hernández • @clodoher / Ilustración Sol Roccocuchi@ocseneba

En esta Caracas colmada de arte mural aparece por todas partes el número 200. Lo mismo pasa en muchas otras ciudades venezolanas, porque, en medio de tremendas dificultades, hemos logrado conmemorar el episodio más épico de nuestra historia, la Batalla de Carabobo.

Pero no es una simple campaña institucional ni mucho menos una cosa nueva. En verdad, una buena parte de las venezolanas y los venezolanos hemos estado en modo bicentenario desde hace ya casi cuarenta años.

No es una exageración, pues la onda de celebración de los dos siglos comenzó con el natalicio de Bolívar en 1983, un año que, en muchos sentidos, marcó el regreso de los ideales libertadores a una nación que había sido sometida a las típicas operaciones de borrado de la memoria histórica, esas que usa el neocolonialismo para que despreciemos nuestro pasado rebelde y aceptemos nuevas formas de sumisión.

Eran otros tiempos, claro está. El bipartidismo estaba en auge, pero los 200 años de Bolívar dieron más de una clarinada. Significativamente, cinco meses antes del gran día del cumplesiglos del pequeño titán Simón José Antonio de la Santísima Trinidad, ocurrió el Viernes Negro, primera señal de que el sistema político de la IV República estaba haciendo aguas.

De cualquier modo, la ciudad celebró tan importante fecha siendo la sede de los IX Juegos Panamericanos. Muchas de las obras fueron terminadas chapuceramente apenas horas antes del inicio de las competencias y pronto se sabría que unos cuantos funcionarios corruptos se llenaron los bolsillos a punta de guisos, pero al menos se le rindió un homenaje internacional al Padre de la Patria.

Mientras tanto, por debajo –como ocurre en las entrañas planetarias– se estaban gestando grandes movimientos telúricos a propósito de esos 200 años. El principal de ellos fue signado con la cabalística cifra redonda: el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), que se presentaría en el escenario nacional nueve años más tarde, el 4 de febrero de 1992 para anunciar el cambio de rumbo que hemos vivido desde entonces.

Tal vez sin aquel espíritu del bicentenario del Libertador no hubiese detonado este proceso que ha replanteado el rol de la historia nacional en el quehacer cotidiano. Sin la convicción bolivariana del joven oficial Hugo Chávez Frías, todo ese furor de 1983 quizá no habría pasado de ser una moda.

[Como sería de intenso el ánimo patriótico que despertó el 200 aniversario del Libertador que hasta Reinaldo Armas, un cantante de otro tipo de temáticas, se lanzó al ruedo con una pieza “de protesta” en la que incluso le ruega a Bolívar que vuelva y desenvaine su espada, pues solo él podría  librarnos del tirano. Hoy por hoy, Armas es más santanderista que bolivariano, pero ese es otro tema].

La oleada de bicentenarios vendría cuando ya el MBR-200 había dado paso al Movimiento Quinta República (MVR) y luego al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Fue en 2010 y comenzó con el bicentenario del 19 de abril de 1810, es decir, de nuestro primer gesto de Independencia. Siguió con la más estelar de todas las conmemoraciones, la doble centuria del 5 de julio de 1811, que es oficialmente la fecha fundacional de Venezuela.

Los bicentenarios de los años siguientes no fueron tan dignos de celebración, pues se refieren a los años oscuros de la pérdida de la Primera República, del terremoto de Caracas y de la Guerra a Muerte, entre otros.

La vibración positiva retorna en 2019 con el bicentenario del Congreso de Angostura y del medular Discurso de Bolívar en ese extraordinario foro. Es necesario tener en consideración que si la batalla de Carabobo fue la apoteosis militar de Bolívar, Angostura significó su apogeo político.

Y así llegamos a este 2021, en el que se logró entretejer este clima de magia colectiva en el que se amalgaman la reconstrucción del relato histórico; diversas manifestaciones culturales; el muy congruente componente militar (después de todo, fue una batalla); el trabajo colectivo de restauración y remozamiento de los espacios públicos; y un ambiente general de fiesta y de esperanza.

Tras el momento cumbre del 24 de junio, en Caracas la gente ha ido por más. Se ha celebrado en grande el bicentenario de la entrada de Bolívar a la ciudad, luego del enorme triunfo de Carabobo. Ha sido otra fiesta pública y una interesante revisita a un acontecimiento histórico no tan conocido.

De ahora en adelante, la onda bicentenaria tendrá dimensiones de Patria Grande. En los años que vienen ameritarán justa celebración todas las grandes batallas que completaron la Independencia de Suramérica: Bomboná (abril de 1822), Pichincha (mayo de 1822), Junín (agosto de 1824) y Ayacucho (diciembre de 1824). En predios venezolanos, una de las efemérides que queda pendiente será en Zulia, el 24 de julio de 2023, cuando se cumplan dos siglos de la batalla naval del Lago de Maracaibo, glorioso epílogo militar de la Independencia nacional. Queda entonces mucha historia por revivir, mucha cultura por reivindicar, muchos murales por pintar. Seguiremos en modo bicentenario.

ÉPALE 421