Carlos Azpúrua: esta nueva misión es una causa social

El cineasta venezolano considera que su designación como presidente del CNAC es una oportunidad para traer a todas las voces diversas del cine nacional al diálogo y así repotenciar esta institución cinematográfica

                                         Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen                                      Fotografía Mairelys Conzález@mairelyscg27

Uno de los personajes más polémicos del cine venezolano es Carlos Azpúrua. Amado por unos, odiado por otros, la prolífica trayectoria de este cineasta ha estado marcada por el escándalo: no solo por sus particularidades personales, sino por sus reflexiones críticas al gobierno bolivariano aun cuando se considera abiertamente chavista y comunista.

El común denominador de la obra cinematográfica de Azpúrua constituye la denuncia y la conciencia social, que pueden reflejarse tanto en su ópera prima ‘Yo canto a Caracas’, como en sus obras de ficción ‘Amaneció de golpe’ y ‘Disparen a matar’. Luego de su más reciente documental ‘La batalla de los puentes’, Azpúrua acaba de asumir el reto de conducir el Centro Nacional de Cinematografía. En ocasión de esta nueva etapa, conversamos con él.

¿Por qué el cine?

Para mí el cine fue el encuentro con mis posibilidades en un arte extraordinariamente expresivo. Yo me descubro en el cine como un ser humano social. Una película que me conmovió en su capacidad sensible particular fue ‘The Carabineers’ de Goddard. Esa visión de la guerra me hizo entender la magia del cine y las extraordinarias posibilidades que tiene el lenguaje audiovisual para hacerte consciente de la vida y de los dramas humanos, y es capaz de transformar tu esencia como ser humano. Ahí me enamoré del cine por su capacidad sensible de entender la vida.

¿En tu trayectoria cuáles son las obras con las que te sientes más satisfecho? ¿Qué sientes que te falta por hacer?

Me siento satisfecho con mi mejor obra que es mi vida (risas). Me siento satisfecho con mi obra, y por haber escogido el cine como una manera de realizarme como ser humano a través del arte. Siento que no tengo que probarle nada a nadie. El cine me ha llevado a confrontarme con un sentido de la verdad, de la vida y de mi ética, mi dignidad y crecimiento como ser humano de una manera plena. ¿Qué me falta hacer? No sé. Ahorita estoy en esta obra (el CNAC), viendo cómo ayudo a los demás a hacer cine y cómo rescato una institución que es parte de mi historia como cineasta. Yo fui miembro de un gremio que participó de todas las luchas históricas por la ley de cinematografía. El CNAC es una construcción colectiva más allá de las ideologías desde el punto de vista reivindicativo y cultural para el país. Me duelen mucho las condiciones en que lo encuentro. Creo que me corresponde en este momento ya no ser cineasta sino responder ante ese llamado. Sobre todo en un momento en que el país necesita preservar todas sus instituciones y logros. En este caso, preservar el CNAC como institución fundamental que establece las políticas en el área cinematográfica y genera el desarrollo del cine en términos integrales. Se busca poder integrar un cine como un todo y para todos, donde cabemos todos. Todo venezolano que sienta un mínimo de patria, buscará preservar sus instituciones. Yo estoy aquí en una labor de militancia, preservando un legado histórico de los cineastas venezolanos, más allá de las ideologías.

¿Qué acciones tienes en mente en el CNAC?

El cine es el primer sector de la cultura que logra tener autonomía en lo económico. En nuestras luchas está el CNAC, pero también tenemos a Fonprocine. Ahí, tenemos de una manera clara y precisa el financiamiento de nuestro sector, generando una política del sector público y privado que nos permite tener autonomía. Ahorita está sumamente lesionada por la inflación, que afectó la asistencia a las salas de cine. También las transformaciones tecnológicas han incidido. Para nadie es un secreto la gran huida del cine a las grandes plataformas de streaming. A eso le agregamos el problema mundial de la pandemia, que ha afectado la asistencia a teatros y cines. Yo espero fortalecer Fonprocine. También tengo en mente fortalecer los fondos regionales, vincularlos con todos los sectores, e impulsar de una manera integral una visión regional tanto en la formación, la producción y la cinematografía.

Es vital ir al encuentro de promover la formación del espectador. A través de las comunas quiero instrumentar cineclubs que funcionen para crear espectadores conscientes y con criterio. El cine es un arma ideológica muy poderosa. De ahí la necesidad de avanzar a promover la diversidad, de alimentar nuestras salas de cine y promover producciones diversas. Además, tenemos una gran cantidad de convenios culturales firmados: con los chinos, los rusos, los turcos. Abrirnos a la búsqueda de un fondo. El país necesita verse en una visión de patria nacionalista, y en un área tan particular como lo audiovisual. A todo eso tendré que darle respuesta abierta y claramente.

¿Qué es para ti esta experiencia del CNAC?

Para mí es una experiencia inédita, insólita. En mi vida he sido empleado de nadie. Si acaso, técnico. Siempre, dentro de la libertad del quehacer del cine. Es una disciplina insólita a mis 70 años. Y mucho menos dentro de los códigos de la administración pública. Espero no poner la torta (risas).

¿Cuándo vas a hacer cine?

Yo sigo haciendo cine. Ahora, sentado en la oficina, creando un ambiente bonito y agradable para el equipo del CNAC. Hay que limpiar la institución de tanto karma. Hasta un brujo voy a meter. La idea es recuperar el espacio estéticamente y a todo nivel. Estoy haciendo ahorita una comedia llamada ‘Entre hallacas y bollos’, y una versión de ‘Cuando quiero llorar no lloro’, de Miguel Otero Silva.

¿Qué opinión te merece la hegemonía de Cinex y Cines Unidos que impone películas extranjeras por sobre las venezolanas?

Nosotros tenemos una regulación muy clara en cuanto a la obligatoriedad de exhibición. Eso siempre hay que reformularlo, mejorarlo y supervisarlo. Hay criterio de promedio por asistencia de público. Creo que los criterios de estimular y promover nuestras películas son fundamentales. Debemos buscar la diversidad. Sobre todo estimular el cine nuestro. Vamos a crear un cineclub de diversidad latinoamericana. Esperamos cautivar una audiencia en el amor al cine latinoamericano, que es extraordinario.

¿Cómo percibes el lenguaje cinematográfico venezolano?

Hay una gran diversidad. Es mezquino decir que no hemos logrado una presencia internacional vigorosa. Es impresionante la presencia que hemos logrado. Nosotros contamos con una potencialidad extraordinaria de técnicos, de los mejores de América Latina. Cinematografías de Santo Domingo y Colombia se han nutrido de nuestros técnicos.

¿Qué mensaje deseas dejarle a la comunidad de ÉpaleCCS?

Aquí estamos resistiendo con un inmenso amor por nuestra patria. Todo venezolano que quiera nuestro país tiene que asumir su posición para luchar por nuestra patria. Yo no dejaré de hacer cine.

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