Carrera y otras artes: Un pintor del deporte

Por Clodovaldo Hernández • @clodoher / Ilustración Jade Macedo • @pounamuart

La semana pasada te mencioné a Ernest Descals, un pintor catalán, que tiene varios cuadros con motivos relacionados con las actividades deportivas. Pero ese fue uno de tantos temas que tocó. En cambio, un paisano suyo, Jordi Alumá, ha sido considerado el pintor del olimpismo. Alumá vivió 97 años y las notas biográficas no dicen si practicaba algún deporte, pero sí plasmó en los lienzos toda clase de personajes atléticos, incluyendo corredores de fondo y de competencias de relevos.

En mis escudriñamientos en Internet en busca de nexos entre las artes plásticas y el trote, me encontré con la historia de este hombre que, para más señas era hijo y nieto de artistas plásticos.

Entre sus creaciones hay deportistas de muchas disciplinas, pero está claro que mi interés particular en este caso era por los corredores. Son varios sus cuadros de personajes que evidentemente están participando en carreras, pues van realizando un gran esfuerzo y visten camisetas con números. Una de esas obras lleva el impactante nombre de La rítmica despeinada. Con mucha influencia del cubismo, Alumá muestra a sus atletas de anatomías insólitas y poses improbables, siempre acompañados por figuras oníricas o fondos deconstruidos.

Su primer contacto con el ámbito de los deportes surgió en los sesenta, cuando obtuvo un premio en la Bienal del Deporte en las Bellas Artes, un certamen que se realizó en Barcelona hasta años recientes. A partir de allí se dedicó casi por completo a representar atletas y por eso tuvo participación (artística, desde luego) en las Olimpíadas de Los Ángeles, Barcelona, Sidney y Atlanta. Además sus obras se exhiben en la sede del Comité Olímpico Internacional, en Lausana, Suiza.

En la cita olímpica de su natal Barcelona tuvo un papel destacado. En los cuadros que elaboró con ese motivo abundan los competidores con el número 92, el año de los Juegos.

En fin, te cuento todo esto que he investigado para convencerte de que hay sutiles y hermosos nexos entre una actividad como las carreras y las expresiones artísticas del dibujo y la pintura, ya sea por las privilegiadas vistas que suelen tener los corredores y trotadores en sus andanzas, o por el valor estético que llevan consigo los mismos cuerpos en movimiento.

ÉPALE 465