Carreras y otras artes: paisajes al trote

Por Clodovaldo Hernández • @clodoher / Ilustración Jade Macedo • @pounamuart

Hay una conexión íntima, podría decirse, entre el trote y las artes visuales, y eso se debe a que el practicante de este deporte suele ser testigo de esos gestos grandiosos que regalan la naturaleza, las ciudades, los pueblos y la gente.

Paisajes, ambientes citadinos o del campo, marinas, escenas costumbristas y, por supuesto, cuerpos humanos en movimiento, son algunos de los motivos con los que se topa el ojo del dibujante, pintor, fotógrafo o videógrafo -sea profesional o sea aficionado- cuando transita el espacio al trote o a la carrera.

Me anticipo a un posible cuestionamiento muy razonable: la gente que quiere contemplar esos espectáculos memorables, tiene más oportunidad de aprovecharlos si está en reposo o caminando suavemente, que si anda apurada. Sí, eso puede ser verdad, pero deja por fuera un detalle: el ser corredor o trotador facilita el acceso a ciertos lugares que no frecuentan los sedentarios como rincones lejanos de un parque o ciertos recodos mágicos de la urbe.

En buena medida, la posibilidad de encontrarse con una escena con potencial artístico (y captarla en la memoria propia o en el dispositivo fotográfico o de video), tiene que ver con el factor tiempo. La hora del día a la que el corredor o trotador suele andar, en determinados lugares, le otorga el a veces inesperado privilegio de presenciar un fabuloso amanecer con arreboles en una playa solitaria, o apreciar el peculiar entramado de luces y sombras en la ruta del cortafuego del Waraira Repano, o su equivalente en otras ciudades.

Y, claro, la actividad en sí misma es un motivo artístico. Si para los dibujantes y pintores es un reto representar el cuerpo humano contemplado en reposo, el desafío se incrementa cuando el propósito es captar la maravilla del movimiento anatómico, al margen de que los “modelos” cumplan o no, con los parámetros estéticos aceptados universalmente o, más bien, auspiciados e impuestos dictatorialmente por la cultura dominante y por el mercadeo, la publicidad y la industria de la moda.

ÉPALE 463