“Castigad las costumbres con la risa” proverbio romano

Por María Eugenia Acero Colomine • @mariacolomine

Así como Venezuela ha sido una tierra rica en parir poetas, los humoristas que han salido de nuestras entrañas han sido unos seres entrañables. Aquiles Nazoa es un gran ejemplo de lo que es el compromiso social con la crítica en clave de carcajadas y poesía. Earle pudiera catalogarse como un hijo de la herencia del Ruiseñor de Catuche, al encarnar en una misma persona militancia, ternura, formación y humor.

Muchos exaltan a nuestro querido Earle por la fina pluma que siempre lo acompañó para cronicar la vida. Nosotros nos acostumbramos a los titulares en primera plana de su Kiosco veraz y a la constante reflexión a la que nos invitó a través de sus menudas letras que no por ser tiernas dejaban de ser contundentes.

Humor con humor se paga

El otro lado de la seriedad de nuestro querido juglar se dejó traslucir en la forma en la que Earle pasó a sirios y a troyanos por el banquillo de los acusados. Su elocuencia fue tal, que siendo firme, la risa que evocaba jamás fue burlista ni irrespetuosa. Compartimos parte de su legado.

“Dios no ha librado a los humoristas de la tentación de meterse con los santos y la limosna. El humor es el amor con “h” silente, pero amor al fin. Todo lo reverencial le resulta irresistible. Descorrer velos eleva su placer hasta el éxtasis. Algunos santos se prestan más a la guasa que otros. Debe ser por cierta superstición de los fabricantes de risas. O por temor. A unos ni los tocan y a otros los tienen a monte. (…)

Con la beatificación de José Gregorio, no sabemos si el Siervo de Dios se nos acerca o se nos aleja más. El humor venezolano ha sido condescendiente con el hijo de Isnotú, así en la prosa como en el verso. A lo mejor por algo de solidaridad, ante lo difícil, largo y tedioso que le ha resultado al médico de los pobres su ascenso en el escalafón celestial. Si los que deciden esos sacros asuntos se la ponían tan difícil, no era justo que también los humoristas se le afincaran.”

He aquí otra muestra de reflexión jocosa:

“Tragarse un aguijón, y lo más espeluznante, con ponzoña y todo.

Mi país, como dice Adriano González en su célebre libro, sigue siendo una ‘vaina seria’. Ahora la derecha abstencionista ansía votar y negocia con los alacranes para sufragar sin sufragar directamente, sino por mampuesto.

El elector escuálido no entiende nada, sobrecogido por ese pacto con los odiados escorpiones, sus excompañeros de ruta y guarimba.

Ocariz descubre tarde que admira a Uzcátegui y este se hace el duro. El rector Picón quiere ayudar a ese intercambio ponzoñoso, pero sin que lo sepan en el Mazo”.

El Especulador Precoz

Así, Earle entró a formar parte de la liga de los sospechosos habituales: nada menos que el cuerpo de humoristas de El Especulador Precoz, que cada semana se encargaba de descoser al enemigo a risa limpia. Ahí Earle hizo de las suyas desmontando cada entuerto nuevo que salía de las fauces de la derecha y sus secuaces. Sin embargo, él se encargó de hilar fino con su verbo sencillo para invitar a reflexionar al pueblo entre risa y risa.

Los Earles

A diferencia de Jorge Luis Borges, Earle no se divide en otro. Tampoco se transforma en heterónimos como los de Pessoa. Es curioso que en el Earle humorista hay un docente, un periodista y un luchador social. En el luchador social hay un humorista y cronista, y en el Earle cronista habitan todos los anteriores. El humor de Earle es cátedra, denuncia y esperanza que se desmenuza de a poquito y que al ponernos a reír nos da clase.

ÉPALE 443