Cecilia

Por Ana Cristina Bracho • @anicrisbracho / Ilustración Astrid Arnaude • @loloentinta

Me contaron, pero usted que me lee, guárdeme el secreto, que este año Cecilia Todd está festejando los primeros cincuenta años de su carrera artística. Nuestra maravillosa mujer, de vocecita suave, que se funde con el agua, que vuela con los pájaros, que nos demuestra la constancia del hombre del mar, la ternura del amor, los colores del país.

Cecilia, tiene un cuatro tejido del brazo y una legión de voces que cantan con ella. Para mí, es una constante de la vida porque, aunque uno no lo recuerda todos los días, alguna vez fue una niña sentada en el Lía Bermúdez donde ella nos hizo soñar, rezar, creer y sentir con una canción de ratones. Luego, fue con su voz que le pedimos al amor que alguna vez regrese y nos haga sentir, o, con la que asumimos una aventura bajo los cielos de oriente. Siempre con ella, a todo cantar en especial en nuestras navidades.

Si ustedes me lo permiten y además me acompañan, quisiera que esta columna tenga la forma de un girasol y la inocencia de una margarita, el color de una tarde en Barquisimeto y el ritmo de un corazón que nace al amor. Sólo con estos prendedores podríamos contarle a Cecilia no sólo que es una de las mujeres que les dicen a las niñas que hay muchas cosas que soñar y que hacer, sino que le agradecemos tanto canto, tanta compañía.

Dicen las biografías que además ha ejercido mil embajadas de nuestra cultura con su sonido, que vivió en Argentina donde con otros se hacía canción. Pisó muchas tierras cantando, desde Inglaterra hasta Finlandia, casi toda nuestra América, la lejana Siria y el exótico Japón, sólo por contar algunos.

Si la buscamos en los abrazos nos la encontraríamos con Joan Manuel Serrat, Chico Buarque, Astor Piazzolla, Zimbo Trio, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Mercedes Sosa, Henry Martínez o Joan Isaac. Si la buscamos en nuestro corazón, estará cantando y nosotros con ella, le tejemos una nueva canción para que siga andando, siendo nuestra, iluminando y seguros que este es sólo el comienzo.

Épale 486

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