César Vázquez: “A estas alturas he perdido mi capacidad de asombro”

Artista visual y periodista narrativo

Por Marlon Zambrano • @marlonzambrano / Fotografia Alexis Deniz • @denizfotografia

Puede que aparezca algún día en un meme atribuido a Will Smith: “Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para autoflagelarse”. En realidad lo escribió Truman Capote en el prólogo de su libro Música para camaleones, y quería decir, más o menos (para entenderlo hay que leerlo a fondo), que “cierta” inteligencia y talento precoz pueden llegar a ser una maldición.

No sabemos si es literalmente el caso de César Vázquez (Táchira, 1974), pero su hoja de vida, su talante y la destreza de genio “problematizador” con que narra como artista visual y cronista sus circunstancias, permiten tejer esa intuición.

Con su pieza Dislexia-2021, ganadora de la IV Bienal de Sur a cuatro manos junto a la también artista plástica venezolana Mila Quast, nos representó en la más reciente Bienal de Venecia, Italia. “Una video instalación que con brutal honestidad y sencillez reconcilia la obra con las emocionalidades primigenias: el miedo y el amor” en uno de los momentos pico de la pandemia.

Estudió en la Escuela de Arte Cristóbal Rojas y filosofía en la UCV y acumula más de veinte años de experiencia en el campo de las artes y la comunicación visual. En 2001 obtuvo el premio Joven Promesa de las Artes de la Asociación Venezolana de Artistas Plásticos; es cofundador creativo del departamento de Imagen del canal Ávila TV, del que fue gerente de imagen más tarde; en 2013 estrena el cortometraje animado Estación Central; en 2014 obtiene la beca CNAC para el Taller Internacional de Formación en Animación TIFA, Mérida; en 2015 consigue el segundo lugar en el II Premio Nacional de Crónicas Urbanas, organizado por la Casa de las Letras Andrés Bello; en 2016 publica el trabajo de narrativa gráfica Material Rodante; ha sido columnista de portales como Desde la plaza y Mentekupa y colaborador de revistas como Épale Caracas y la argentina Último Round.

No le gustan las etiquetas, ni las operaciones binarias que separan al país en dos bandos, ni el entrampamiento que por falta de oficio presume que un artista está obligado a “representar” una realidad, y sobre todo, está en contra del “relato de la necrofilia al que se le garantizan circuitos, premios y promoción, que plantea que la cultura en Venezuela está muerta o se ha autoexiliado” como expresó cáusticamente en una entrevista por ahí.

César Vázquez es un tipo de nuestro tiempo que uno se tropieza por casualidad en la plaza El Venezolano. Creo que más o menos lo que pretende es ser recordado como un artista que anda por ahí, comunicando.

—Dices que en una etapa de tu creación comprendiste que el caráctercomunicacional de la obra equiparaba al contenido, ¿cómo se traduce Caracas en tu trabajo?

–Creo que el arte contemporáneo para no distinguir entre sufrimiento y placer decidió arrancarle a la belleza la verdad. La verdad no como certeza, sino como el problema de un enunciado por resolver. Y Caracas, además de un accidente estético, es ese enunciado, es una ciudad que se resistió a su fundación, a ser una efeméride en el calendario de la colonia. En esas contradicciones está su exuberancia. El Caribe como el paraíso prometido en la tierra, es sobre todo una forma de ser, vivir y morir.

—Vienes de la provincia pero te mueves como pez en el agua en la capital. ¿Cómo fue ese tránsito?

—Soy nieto del desplazamiento de la guerra en Colombia, esto me llevó tempranamente a hacerme preguntas de orden social e histórico. Entonces, vino el arte y la filosofía a plantearlas de una forma definitiva. Llegué aquí para atender a esas preguntas. Me gusta decir que uno es de donde está. Finalmente, esa es la identidad nómada, despojada en el capitalismo de su propia vida, de sus referentes. Pero ese “estar” implica jugar con el barro como un cerdo más que como pez en el agua.

—Las formas transnarrativas de la expresión parecen un concepto muy recurrido para decir que en la era de la web 3.0 el creador se mete en todo. ¿Es tu caso?

—Empecé haciendo transnarrativa sin saberlo en una columna que se llamaba Corazón de Lava donde escribía semanalmente. Un día le pedí a mis contactos que hiciéramos una lista de películas de bodas fallidas, la lista se convirtió en una de esas entregas periódicas de la columna, más tarde en un video instalación que representa la metáfora política de un momento-país. Mediado por las tecnologías de la comunicación, lo digital soporta tantas técnicas como lenguajes por explorar. Asistimos al remake de un taller del renacimiento donde la arquitectura, la ingeniería, la ciencia y hasta la estadística se encuentran entre sí.

—¿Te imaginaste este presente pandémico, semi apocalíptico y distópico, o crees que la realidad supera la ficción?

—A estas alturas he perdido mi capacidad de asombro.

—¿Este tiempo que vivimos y que te empujó a crear Dislexia-2021, nos lleva a actuar con mayor desparpajo y brutalidad ante el contacto descarnado con la muerte?

—No. Todo lo contrario. Descubrí la dimensión de la palabra cuidar. Conceptos como seguridad, que en principio iba dirigido a potenciar las máquinas, entre esas la del Estado, quedaron reducidos a cordones de aislamiento sanitario. Cuidar en lo íntimo, como lo hacen las ballenas, entre más información más comunicación. La pandemia vino a erosionar organismos nucleares, entidades fijas, como la familia, a debilitar los cuerpos y sus sistemas inmunológicos y a actualizar la utopía liberal: colonizar otros planetas para que una élite pueda sobrevivir mientras la especie desaparece.

—¿Qué te dejó Venecia?

—Si bien la Bienal de Venecia es considerada como unas olimpiadas –esto implica que hay que prepararse con tiempo– me deja claro que lo que se presenta son procesos que van más allá del diálogo entre la obra y el espectador, lo curatorial o museográfico. En esta edición número 59 de la Bienal hay dos singularidades, más del 95% de los artistas presentes son mujeres, esta participación opacó de cierta forma la propaganda de guerra (rusofóbica) que respira Europa y la otra, es que sobre ese porcentaje, son pocos los conocidos que, incluso, no habían estado en alguna bienal, lo que abre un espacio para comprender y considerar el amateurismo como un concepto más en un evento como este.

—Rechazas “el modelo de individuación biopolítico que instaura un campo de concentración entre los cuerpos”. Es decir, ¿estás cansado de que se hable de la lógica chavista-opositor presente también en el arte?

—Un animal agotado seguirá luchando, dice un proverbio chino. Desde hace un par de años me propuse reconciliarme con mis afectos más cercanos, alejados por la polarización. Algunes respondieron, una amiga trans, artista, muy querida que vive en Nueva York y tiene argumentos y propuestas muy potentes, se encargó de sonorizar la pieza que llevamos a Venecia. No cabe duda que una gran parte de esta fauna crea y trabaja desde la disidencia, y las instituciones lo saben. Me gustaría, aunque parezca ingenuo, que podamos respetarnos como artistas, ese es el espíritu que llevamos a Venecia.

—¿Dónde, quiénes, cómo están creando los artistas del país?

—Esa es una pregunta que deben responder las instituciones, y entre ellas las fundaciones del “onegismo” (no gubernamentales, o anti gubernamentales). Yo he permanecido fuera de esos círculos, si bien he trabajado como un artista profesionalizado, para cine, televisión y prensa, hay quienes a través del relato de la necrofilia, que asegura que la cultura en el país está enterrada o se ha autoexiliado, se le garantiza promoción, residencias y circuitos de galerías en el exterior.

—Comunicar creando: ¿por ahí va la ecuación?

—Sin duda. Leer entre imágenes sustituyó lo que significaba leer entre líneas. El prosumidor quien consume y produce sentido, tiene una cultura visual que le proporciona ciertos criterios y elecciones, y eso lo explica todo.

ÉPALE 467