Charleros

Por María Eugenia Acero Colomine • @mariacolomine / Ilustración Erasmo Sánchez

“Buenas tardes, señores pasajeros. Una Venezuela educada que me regale sus buenas tardes.” Así, en cuestión de cinco minutos, el vendedor ambulante se dedica a convencernos de las maravillas de la chupeta Bom Bom Bum, el chocolate colombiano, las galleticas italianas, el bolígrafo láser, la esponja antirresbalante y un sinfín de productos que en teoría son de nuestra necesidad. Los charleros siempre han existido: hubo una época en la que se hacían pasar por estudiantes y martillaban en Sabana Grande para que la gente les comprara bolígrafos con la finalidad de “costear sus estudios”.

Los charleros son una extraña especie que al mismo tiempo es despreciada y solicitada por la gente. Cuando se montan en los autobuses, los pasajeros suelen torcer la mirada, pero no se resisten a la tentación de sucumbir a los placeres de un chocolatico para el camino.

Nuestros charleros ambulantes más bien se han fogueado en el candelero de la calle, sin necesidad de cursos de coaching ni superación personal: conocen muy bien de psicología y de trato con las personas, y pudiera decirse que contribuyen a humanizar la dinámica monótona del asfalto, cuando la gente se dispone a trasladarse al trabajo o a su casa.

El secreto del éxito de los charleros reside en su gran poder de convicción. No existe gente sobre la faz de la tierra que exude tanta seguridad y confianza. A ellos no los intimida absolutamente nadie. Y si te descuidas, puedes terminar comprándoles toda la mercancía.

Virtudes comerciales

Esta cualidad agresiva en los negocios es la que impulsan las grandes universidades del mundo para formar a los hombres y mujeres de negocios en las difíciles artes del mercado. En el libro Cómo hacer amigos e influir sobre la gente de Dale Carnegie, se exponen diversas estrategias para desarrollar una personalidad carismática y avasalladora a fin de cultivar éxitos diversos en la sociedad. En Estados Unidos suelen favorecer más a quienes se venden presentando su mejor imagen ante el mundo. Sin darnos cuenta, en esta sociedad capitalista todos somos un poco charleros: muchos buscan irrumpir en sus entornos y posicionarse paulatinamente repartiendo sonrisas, frases asertivas y asociarse de manera correcta con personalidades influyentes.

En esta sociedad tan competitiva, a todos nos ha tocado alguna vez ponernos el disfraz de súper héroe para vender nuestros servicios. Así que cada vez que veamos a los charleros en la calle, seamos solidarios con ellos: “Ven, comparte y disfruta”.

ÉPALE 462

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