Chevige Guayke nuestro

                                Por José Javier Sánchez • malaslecturasccs@gmail.com                                     Fotografía Franklin Fernández@franklin_jose_fernandez

De la escritura lo que más amo es el oficio. Ese trabajo incansable del escritor por hacer de su trabajo algo digno de leer, de revisar. Es reconocer el respeto que se brinda el escritor a su trabajo y a las cosas o temas sobre los que se dedica a escribir. Reconocer en un escritor la imperiosa necesidad de no parecérsele a nadie. Dejar plasmado su toque de autenticidad por más de un erudito que se atreva a arrinconarlo en una etiqueta de poeta local, regional, de la isla, del llano. Alcanzar este nivel requiere carácter, sentido de pertenecía, humor y sobre todas las cosas, lenguaje. Cuando un ser alcanza este nivel  comenzamos a valorar una obra en construcción que se va consolidando, pero cuando esta obra, este oficio, viene acompañado de otros oficios que enriquecen la construcción de un ser desde la literatura. Cuando este individuo mas allá de la escritura, complementa su oficio o lo enriquece con el de corrector, de editor, cuando se dedica a su vez a acompañar la edición del trabajo de otros escritores, su presencia alcanza otras dimensiones.

Chevige Guayke (seudónimo de Eduvigis José González) es una personalidad, no un personaje, una institución, no un núcleo. Narrador, poeta, corrector, editor y artista plástico, ha sabido germinar y cultivar su obra en el mundo literario venezolano. Nació en Juangriego Isla de Margarita, estado Nueva Esparta, el 9 de julio de 1944, aunque según él mismo tiene otras fechas de nacimiento. Es también conocido como “Vige” o como el “hijo de Rita”. Con una obra significativa en narrativa y poesía, con varios reconocimientos dentro de los que destacamos el Premio al Cuento de El Nacional en 1974. Es un escritor, no del realismo mágico sino de los orígenes imaginarios del ser. Nuestro autor ha hecho de la crónica de su vida y del mundo, en el que creció y se desarrolló, estructura fundamental de su obra. Su trabajo lo han querido catalogar de regional, insular, quizá porque sus escenarios no necesariamente son la isla de Java, New York o Sicilia. Críticos, míopes, que ven con excesiva limitación el desarrollo del lenguaje. Yo no la catalogo, no la defino. La leo, la defiendo, la disfruto y la gozo. ¿Y usted qué hará?

Desde Malas Lecturas conversamos con Chevige Guayke para homenajearlo, honrarlo,  brindarle un espacio de promoción. Con la certeza de que pocos leerán este artículo y mucho menos lectores acudirán apresurados a buscar su obra. Pero de eso se trata de seguir insistiendo en las utopías.

—¿Cuáles son tus temas, tus pasiones en la poesía y en la narrativa, cómo llegas a ellos?

—En definitiva el tema es uno mismo. Cuando falleció mi abuela Vita Esperanza, yo pensé que había ido a pasar unos días en otro lugar y Ritakrista que ella regresaría y yo sigo esperando que eso ocurra. En el callejón donde yo pasé mi infancia las personas se preocupaban más por la muerte que por la vida. Cuando estudiaba primaria un amigo me convidó a cazar y yo no fui y convidó a otro y lo mató con la vacila que llevaba y un amigo de cuando estudiaba sexto grado me dijo que se iba a envenenar y lo hizo. Creo que la muerte me ronda en el recuerdo de Ritakrista, de algún hermano, de algunos amigos y ahora en el recuerdo doblemente triste de mi Yubana.

—¿A dónde nos llevará la poesía?

—Tal vez la poesía no sirva, no sea útil ni para el propio poeta. No se me ocurre pensar o creer por ejemplo que un poeta por ser poeta pueda ser buen presidente o buen gobernador o buen alcalde. El mundo que siempre tendremos será el que mejoren o desmejoren personas que nada tienen que ver con arte, con la literatura. Un Che Guevara, no nace todos los días.

—¿A dónde la llevarán los poetas?

—Ella siempre estará donde esté la palabra dicha o no dicha. Es aparentemente inmóvil para que los poetas la usen o abusen de ella. Hay una poesía que no baja hasta la escritura, solo se siente y se piensa. Hay quienes son más filósofos que poetas, aunque Unamuno decía que la poesía y la filosofía eran hermanas gemelas. La poesía no está para llevarnos a alguna parte. Ella es volátil, dentro de sí misma su camino nada. Mas tiene un mapa, una brújula que conduce siempre hasta ella misma. Fíjate en una piedra, ella es un poema en sí misma. Fíjate en un barco, en la mar, en una flor. Pregúntale a Neruda que en todo halló su poesía.

—¿Un consejo a los poetas?

—El poeta más importante de Krepuscolia, Francisco Látex Granado, cuando leyó un cuaderno donde estaban mis primeros versos, me mandó a decir que enterrarse esos poemas y me olvidara de la poesía. Fue un consejo pero al revés. El escritor no debe vivir pendiente del consejo de nadie. Así le aconseje Quiroga, Poe, Rilke o Cortázar, sino del suyo, de su voz interior.

—¿De su experiencia de editor?

—A mí me gusta bastante lo de la corrección de pruebas y para eso me convidó Fidel Flores a participar en el Fondo editorial del Caribe junto a él, a Gustavo Pereira, Ramón Ordaz, Freddy Hernández Álvarez y al pintor Chiricuto. Pero fundamentalmente éramos Fidel, Chiricuto y yo quienes más vivíamos el placer de la edición. Allí aprendí a tener un acercamiento más práctico, erótico con el cuerpo, las páginas y la portada del libro. Con su olor, con su nacimiento. Desafortunadamente el fondo llegó a su descanse en paz, pero son muchos los libros que representan su resurrección y su posible “eternitud”.

—¿Y de su pasión como corrector?

—El oficio de corrector exige mucha responsabilidad y es que ahí entra en juego, no solamente lo que uno pueda saber de gramática, de ortografía, amigo mío, hay que desarrollar una intuición muy especial para captar, para percibir otra clase de errores, de fallas escriturales, de fallas de un escritor, de olvidos, de un autor o de alguna desinformación. A Faulkner le corrigieron muchos textos y García Márquez le agradecía mucho a los correctores de los talleres. Ver algo así como la última personalidad del libro, uno disfruta las portadas, la limpieza gráfica, la buena corrección. Los libros no son nada más para leerlos. El libro es un todo. Las portadas son importantes, los colores, el tipo de papel. Hasta el colofón tiene su  valor. Un libro lleno de errores perturba el entusiasmo del lector.

—Un consejo a los lectores

—Hay que ser exigentes, críticos con lo que uno lee, no volverse fanático, hay que leer no solo con los ojos. Hay que leer con el pensamiento, con los sentimientos, quien no sepa leer un libro no puede decir que lo leyó, hay libros que requieren de varias lecturas hasta que uno descubra sus secretos, sus silencios, toda su habitabilidad es todo su espíritu.

“Vige” es una personalidad, no un personaje

Desde sus palabras invitamos a conocer el trabajo literario de nuestro Vige, que  ha publicado las siguientes obras: Filípica; Edad Subterránea; Paique y otros relatos; Difuntos en el espejo; Faltrikera y otros bolsillos; Salcolía; Soledumbre; Obituario; Primer manifiesto contra la Basuratura; Post mortem nihil est ipsaque mors nihil; Karbhoro es un lugar absolutamente verosímil ; Yo nací un día que Dios estuvo enfermo; Diversos, breves y dispersos; La muerte habita el sitio donde la vida mueve el pie; Historias que se cuentan solas; Sic transit gloria mundi; Entrégale tu dolor a Dios; Krepuscolía; Solíngrimo; Es una hormiga con su sombrilla; Rostro Metafórico de Barcelona y Todas las historias menos muchas.

Forma parte de las Antologías: Cuentistas de Nueva Esparta; Narratistas Orientales; Cien + 20 poetas orientales (Capítulo Nueva Esparta); De cómo se Juega al Cuento del Futgoool; El Che: nombre que uno nombra para nombrarnos y cantarlo.

Obtuvo los premios: Concurso de Cuentos de El Nacional, Concurso de Cuentos Juan Meza Vergara, Concurso de Poesía Aquiles Nazoa, Concurso de Cuentos Teresa de la Parra, Concurso de Cuentos Lola Fuenmayor. Fue nombrado Hijo Ilustre del municipio Marcano (Juangriego) del Estado Nueva Esparta  y forma parte del Consejo Consultivo del Fondo Editorial del Caribe donde también se desempeñó como Corrector de Pruebas. Su actividad como artista plástico es relativamente reciente comparada con su trayectoria literaria. En el Teatro Simón Bolívar (Juangriego – Edo. Nueva Esparta) se encuentra la Sala Chevige Guayke, con una muestra permanente de dibujos de Guayke. Si tu como lector decides ignorarlo, es cosa tuya mijo querido.

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