Chispas  de ardor

                          Por Nebai Zavala Guevara@nebalun • feminismosartes@gmail.com                                Ilustración Sol Roccocuchi@ocseneba

 “Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. (…) Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”.

El mundo, Eduardo Galeano

 Avivó su fueguito con tantas ganas, que sus chispas nos alcanzaron. Ardimiento de su ser en gran hoguera, fogata llameante, nos encendió en sus ideas. El 4 de febrero de 1992 vimos y escuchamos el “Por ahora”, y en simultáneo comenzamos a chispear. Como fueguitos locos Gladys Guevara y León Levy “Sí Chavían” dejaron de hacer lo que hacían, y de inmediato pensaron en ilustrar el ardor de este ser. Una foto de la Revista Z fue el modelo para trazar su silueta en amanecer de golpe.

Yo tenía 15 años, mi abuela y mi mamá fueron de Maracay a Caracas en pleno desarrollo, las chispas ardían en un país tenso, de intentona fracasada, de militares rebeldes presos. Traté de entender lo que pasaba, recordé el año 89, mi familia nunca se involucró directamente, pero en mí había una sólida convicción proveniente de los adultos: papá, mamá, abuela, tías, ellos estaban ardiendo y yo sentía que era bueno. Llegamos al taller de serigrafía que estaba en casa de nuestras amistades, no recuerdo por qué fuimos, no me dijeron, estando allí me involucraron, y sin darme razones me pusieron a realizar las matrices, cortando con el exacto la silueta de la imagen, todo porque yo había hecho un taller de timbrado en el liceo.

Recuerdo que las mujeres adultas estaban felices, revoloteaban cuchicheando sin parar de hacer el afiche. De pronto, se armó un gran alboroto porque llegó una visita sin anuncio, ellas empezaron a lanzar coletos y telas a los afiches húmedos. Gladys me llevó a su cuarto con todos los materiales, sonriendo se colocó el índice en los labios y cerró con seguro. La pasión de aquellos fueguitos no me hizo sentir el peligro o riesgo de aquella acción clandestina que en letras apuntaba: “Tú sí Chávez”.

ÉPALE 400

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