Ciclistas de diseño

Por Marlon Zambrano • @marlonzambrano / Ilustración Erasmo Sánchez

Dos largos años de pandemia visibilizaron un fenómeno emergente que, aunque no es nuevo, se hizo indetenible con la cuarentena: el montón de ciclistas surcando calles y avenidas de la ciudad en faenas urgentes, a veces no tanto, pero apropiándose siempre de un entorno que por años le fue hostil.

Caracas no se define por ser la ciudad más amable, pero poco a poco, haciendo presión callejera, los bólidos de a pedal impusieron su presencia recurrente, espontánea y a veces organizada, para trasladar avituallamiento, medicamentos, tareas y mandados en medio de la orden de confinamiento que mantuvo a la gente resguardada, y a los vehículos de combustible estacionados, lo que permitió lentamente el regreso a una normalidad relativa de la vida ciudadana. Pero he aquí que no todos se quedaron en casa sino que, algunos, como los ciclistas, se adueñaron de la calle y no quieren regresar sus bicicletas al hogar para terminar convertidas en percheros.

Ahora bien, como los civitas animalium que somos, una subespecie engendrada en la penumbra, emergió cual rara avis, con el fin último de exhibir el portento de su onerosa imagen, ataviada con los más costosos utensilios que provee la urbe capitalista a sus adoradores, siempre en grupo y con la impostura de un corrillo del jet set que, poco o nada tiene que ver con el espíritu irredento del ciclista urbano nacido de la supervivencia.

Van en mountain bike, y calzan maillot y coulotte marca X-Tiger, protegida la zona de la entrepierna y del culo con acolchado y gel 5D. Los lentes de sol son polarizados Inbike, guantines marca Macciavelli, luces Omeril recargables, bidón isotérmico marca Zéfal con tapón retráctil y la tapa a rosca, o en su defecto, un camel bag de diseño bien ceñido a la espalda; una cámara deportiva 4k Victure o si eres pobre, una Go Pro Hero 10, siempre activa así solo salgas a comprar pan; obviamente, bolsa y funda para el celular o en su defecto, soporte para que puedas colocar el smartphone en el manillar; un ciclocomputador Garmin Edge 520 para visualizar cómo deben ser los mapas de Garmin Cycle Map para salir a la
esquina, y así.

Esos deportistas de oropel son, por definición, excluyentes. Alcanzar sus altas exigencias implica para el ciclista menesteroso, que es la mayoría, acceder al agotador sistema aspiracional que inventa una nueva necesidad a cada solución, convirtiendo al ciclismo urbano en un asunto de castas, movidas por el poder adquisitivo, y no por la necesidad de establecer un nuevo paradigma de movilidad ecológica que acerque a todos en el entorno de la ciudad.

ÉPALE 463

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