Colombia recibió goleada del pueblo

Por Gerardo Blanco@GerardoBlanco65 / Ilustración Justo Blanco

La violencia desatada por los organismos de seguridad del Gobierno colombiano, encabezado por la temible ESMAD, para contener la ola de protestas en todo el país, ante el creciente rechazo de la gestión del presidente Iván Duque en el palacio de Nariño, hacía imposible la celebración de la venidera Copa América en el vecino país.

El cambio de sede de los partidos de los clubes colombianos que participan en la Copa Libertadores, como América de Cali que debió jugar su duelo ante el Deportivo La Guaira en Santa Cruz de la Sierra, o del Tolima que se medirá al Bragantino en el estadio Pueblo Nuevo de San Cristóbal, presagiaban la inexorable medida de CONMEBOL.

A sabiendas de que la crisis política y social que atraviesa el país no permite organizar el torneo en julio, como estaba pautado, el ministro de Deporte de Colombia, Ernesto Lucena, pidió a CONMEBOL mover el torneo para noviembre, invocando la risible excusa de que para esa fecha se podrían disputar los partidos con público en los estadios.

Un planteamiento absurdo, pues en Argentina y Colombia se han ido incrementando los casos de contagio por Covid-19, y porque, además, el propio funcionario había admitido, —antes de que estallara el paro nacional en su país—, que no sería “ningún problema” jugar la Copa América sin aficionados en las canchas. El apretado calendario de competencias internacionales, que el propio presidente de la FIFA, Giovanni Infantino, pide formatear, tampoco daría oportunidad para que los jugadores convocados por sus selecciones participen en noviembre. En esa fecha, todas las ligas nacionales están en plena competencia y los equipos europeos se negarían a facilitar a los jugadores para jugar la Copa América.

La respuesta que dio CONMEBOL a la petición de Lucena fue diplomática, pero contundente. Agradeció a Colombia sus esfuerzos por intentar acoger el torneo, y señaló que en los próximos días informará sobre la reprogramación de los partidos del grupo B, integrado por Colombia, Brasil, Ecuador, Perú y Venezuela, así como de las semifinales y final.

Ante los problemas de gobernabilidad en el vecino país, el ministerio del Deporte de nuestro país ofreció a Caracas, Valencia y Mérida como alternativas para acoger los partidos que la CONMEBOL le quitó a Colombia. Sería la segunda vez en la historia que Venezuela organizaría esta competencia, tras la edición de 2007, bajo el gobierno del presidente Hugo Chávez.

Hasta ahora, Colombia es el único país en la historia que ha renunciado a ser sede de una Copa Mundial de Fútbol, y también entrará en los libros como la nación que perdió la organización de la Copa América; esta vez goleado por su propio pueblo que no quiere fútbol sino respeto por la vida.

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