¿Cómo autoentrenarse y no deprimirse en el intento?

Por Clodovaldo Hernández • @clodoher / Ilustración Sol Roccocuchi@ocseneba

La semana pasada te di mi opinión acerca de esa opción de entrenarse a uno mismo. Te advertí que para ser su propio entrenador, un trotador debe desdoblarse: por un lado, seguir siendo el sujeto que pretende aprender a correr mejor; y por el otro, ser el individuo autoritario que da instrucciones según un plan de trabajo, y debe ser obedecido. Eso no es fácil en ningún terreno porque es como adquirir, de repente, una doble personalidad, lo cual da un pelo de miedo. Y lo que suele suceder es que el yo entrenador se ponga estricto y mande al yo entrenado a cumplir con determinadas metas, causándole alguna molestia o lesión al cuerpo que, después de todo, comparten ambos, razón más que suficiente para la depresión y la amargura.

Al producirse un conflicto interno entre uno que da órdenes y otro que las desobedece, lo más probable es que se trasluzca al exterior y empieces a tener fama de tipo raro o tipa rara, y que los psicólogos amateurs (tan abundantes como los entrenadores amateurs) te diagnostiquen como ciclotímico o bipolar. Lo mejor que puede hacerse si se toma la ruta del autoentrenamiento es tener uno de esos planes de trabajo que aparecen en las revistas, los blogs o páginas web. En lo posible debe ser un plan muy conservador, ajustado a tu condición física actual. No te fíes de esos que te prometen prepararte para un maratón en diez semanas, partiendo de cero. Es una cova tan ramplona como esas recetas para que se te vean los cuadritos en los abdominales en dos semanas y sin ejercicios.

Aférrate a un plan modesto y realizable en tus circunstancias de vida actuales (horarios, compromisos, problemas, etcétera) y trata de cumplirlo al pie de la letra, sin torturarte, porque no es que vas a ir a los Juegos Olímpicos; pero sin consentirte, porque en tal caso, mejor no digas que estás “entrenando”.

Esa es una palabra que hay que merecerla.

ÉPALE 411