Contrapunto

Por Marlon Zambrano • @MarlonZambrano / Ilustración Erasmo Sánchez

Puede que no creas en la posibilidad, casi mitológica, de que en el Metro de Caracas se junten a la vez la felicidad sencilla de las navidades, el estropicio volcánico de los buhoneros, la melaza de “la calor” en hora pico, los retrasos del tren y el hip hop, pero en esta Caracas aparatosa y errática que ya avanzó casi un cuarto del siglo XXI, pasó.

Todo iba bien, o mal, o peor, quién sabe, y viene y estalla en diciembre una granada fragmentaria de aguinaldos del Quinteto Contrapunto, en un vagón que al parecer tenía la orden de empalar a sus usuarios con la indigesta daga del desenfreno animoso que promueve el Ponche Crema. No por el Quinteto, que es el punk de la canta nacional, sino por el motín apretujado.

En esos días aún era posible “disfrutar” del hilo musical que promovía por igual, campañas institucionales de concientización en torno a las normas higiénicas de combate a la pandemia, y una que otra nota de color musical con nuestras tradiciones decembrinas.

Fue como un baño de agua fría, porque el volumen estaba demasiado alto, había exceso de calor, y más indigentes y buhoneros que nunca se buscaban la vida entre su potencial clientela, mientras sonaban al mismo tiempo el Niño lindo a través de unos altoparlantes invisibles, y un largo beatbox de uno de esos dúos de hip hop subterráneo que expresan su arte en vivo, por todo el cañón e improvisando un lirismo que siempre te incluye en alguna de sus estrofas.

La Torre de Babel en llamas, un amasijo de lenguas vivas, agonizantes y muertas a la altura de la estación Altamira, donde esperaban turno un vendedor de turrones navideños, un invidente que la semana anterior era víctima de la leucemia y necesitaba completar la plata para el tratamiento, y una chama exigiendo real para sus medicamentos de la hipertensión.

Una abuelita gritó de repente el infaltable, “vayan a trabajar, no joda…” que tronó a dúo con Jesús Sevillano y Morella Muñoz, cuando de pronto soltó a voz batiente el pedacito ese que dice: “Ay compae Perucho/ déme la mañana/ que ha nacido el Niño/ en Macarapana… esa es la verdad/ en Macarapana/ ¡Ay! compae Perucho/ déme la mañana”. Y el furruco gurugú, gurugú, gurugú, y el autotune putupak, putupún, putupak, y los que piden damedamedamedame, sin aire, con calor, el tren detenido, la voz en off exigiendo usar el tapa boca, los menesterosos besándose de lenguas con los mercaderes de Flaquito, la vieja bailando reguetón, la hipertensa perreando, llovía con cuarenta grados a la sombra en, Macarapana, ¡ay compae Perucho! en Macarapana.

ÉPALE CCS N°475