Correr y autoayuda

Por Clodovaldo Hernández • @clodoher  / Ilustración Jade Macedo • @jadegeas

Tal vez tú seas como muchas personas que conozco, que le tienen ojeriza a la palabra autoayuda porque piensan en libros de poca calidad, pero muy vendidos, destinados a gente que no se quiere ni se respeta a sí misma.

Al margen de eso, te diré que hay un acuerdo generalizado en que esta actividad de trotar o correr es una de las mejores para enfrentar los problemas verdaderos o imaginarios típicos de las personas que suelen recurrir a esos libros de autoayuda.

El humilde deporte del trote contribuye, en primer lugar, a despejar esa diferencia entre los problemas reales y los que nosotros mismos creamos, como temibles monstruos ocultos en nuestra cabeza. Ya eso es bastante.

Otra de las razones por las que correr es terapéutico es porque tiene un efecto directo sobre la autoestima. Las personas pueden llegar a tener un mal concepto de su propio valor por las más diversas razones: planes no cumplidos, fracasos sentimentales, ser dominado por vicios. Esas ideas suelen hacerse obsesivas y convertirse en círculos viciosos.

La actividad deportiva permite romper ese bucle, dejar de darle vueltas a la mala onda y edificar estructuras mentales muy diferentes, en las que predomina una noción positiva de uno mismo y su propio desempeño. Si empiezas a trotar y vas alcanzando metas modestas (pero que antes lucían muy lejanas) llega un momento en que las causas aparentes del vacío empiezan a desinflarse.

Correr proporciona estructura interna, confianza en las propias capacidades, disfrute de la vida cotidiana y un tiempo apropiado para repensar los problemas y determinar cuáles son verdaderos y cuáles ficticios. Todos estos atributos son los que se plantean en la bibliografía y en los talleres de autoayuda.

Además es un excelente mecanismo de catarsis y una buena manera de escapar de malos hábitos como el alcohol y el tabaco.

Por supuesto que el simple acto de correr no sustituye la labor terapéutica de los profesionales de la psicología o la psiquiatría en casos que lo ameriten, como la depresión y las adicciones graves.

Pero como mecanismo de apoyo para las vicisitudes comunes y corrientes es bastante útil.