Costuras de familia de Ximena Benítez

Por José Javier Sánchez • malaslecturasccs@gmail.com / Fotografía Archivo

La poesía venezolana del siglo XXI está plena de encantos, de viajes, de misterios, de espacios para el asombro y para el canto, para el trazo tenue, para el bordado, también para el disparo, para la afrenta, para el grito.

En Costuras de familia libro publicado por Fundarte en 2017, Ximena Benítez, nuestra entrañable poeta, artista plástico y profesora universitaria, se brinda a la tarea de reconstruir la historia de vida a través de símbolos que le dan identidad a un legado, a una estirpe, marcada por la presencia de la mujer no solo como matriarcado sino como huella sensible y espiritual, como signo de lo femenino, constituido desde el dolor, desde la calidez, desde la ternura, desde la soledad, desde la memoria, con un profundo homenaje a su madre y a esos espacios de la casa que acompañaron su relación espiritual.

Dicta Ximena en sus versos: “Las casas exigen presencia para que no se vuelvan en contra”. Y para ello  valora la cocina como templo, evoca las lecturas de Darío, Guillén y Huidobro en el regazo materno y recompone los tejidos espirituales al saber de qué tiempo es cada hebra.

Es quizá este libro un homenaje a todas nuestras escritoras del siglo XX.  En  los espíritus que se abren paso dentro de la casa de Costuras de familia saboreo el aliento de Antonia Palacios, Teresa de la Parra, y esa generación de escritoras que dibujaron un tiempo poco nombrado en la literatura venezolana, por lo tanto este libro es un homenaje para ellas.

Pero a su vez este libro está armado de un tiempo renovado. Lo conforma una mujer que declara: “nunca tuve miedo a los pinchazos si me hería me tragaba la sangre sin susto y seguía andando”. Desde esa entereza la poeta descubre el mundo familiar, los signos, el espíritu materno, la memoria, todo lo que la constituye desde lo espiritual.

Dice Joanna Cadenas en el prólogo: “Las abuelas habitan tejidos, bordados y porcelanas; es un tiempo ralentizado que ya no importa porque algo se silencia, algo del pasado que no olvidamos porque le da sentido a nuestra vida”.

Ximena Benítez así como se sabe heredera de un espíritu familiar con una casa llena de simbología, se siente a su vez comprometida con todo lo que dice, con lo que escribe, con lo que es capaz de descifrar desde su convicción de artista algo que nos  confiesa abiertamente: “Soy rigurosa en mi trabajo obstinada al pulir. No me gusta que se maltrate la poesía ni a los poetas”

Este libro es también el testimonio de un verso cuidado que declara la delicadez y la impronta de la artista y su compromiso como poeta con el lenguaje y su necesidad de seguir profundizando en los pequeños detalles y de seguir en esa perpetua búsqueda que nos abra el horizonte para enhebrar la historia final que nos conforma

Aldaba

Hay en un almacén

cartas

reposo y torbellino

 

Se descubre una historia en hojas de eucalipto

pertinentemente se guarda en el armario

 

Puede que la vida pase

sin encontrar el peso de la llave

                                hoy se hacen piruetas

tras el castigo de no hallar

la gran definitiva

                                                Puerta

ÉPALE 438