‘Crueles’ de Ana María Oviedo Palomares

Por José Javier Sánchez • malaslecturasccs@gmail.com / Fotografía Leonardo Ruiz

Como en medio de una decantación de cocuy en Coro, junto a César Seco, Gabriel Jiménez Emán y Celsa Acosta; una tertulia de amigos en Viento de Agua en nuestra mismísima Cumaná, con Esmeralda Torres, y mi querido compadre Cheo Goitía;  una conversa con la ebriedad musical de Benito Mieses, Andrés Mejía y Miguel Márquez en algún bar de Caracas, o un despecho eterno ante el poeta Leonardo Ruíz y sus reflexiones sobre Heráclito, bajo el fondo melódico y tasajeante de José Alfredo Jiménez invitándonos a tomar, hay libros que son para bebérselos en un chute, en una copa rota, en una jarra cervecera, convocados por el más brutal despecho.

Un poema de amor de los verdaderos y treinta y siete canciones que no son lugares comunes, sino lágrimas, laceraciones, pruebas de fe, del amor que nos hace humanos, terrestres y frágiles. Amor que nos doblega hasta la ebriedad y el despecho encerrado en nuestro universo, como todo el que puede concentrarse en un grano de cebada. Así son estos versos, tragos, canciones que salen de todas las rocolas del país, de los balcones, de los bares y casas donde edificamos nuestras pasiones.

En el libro ‘Crueles’, publicado hace ya once años por la editorial El perro y la rana, nuestra querida Ana María Oviedo Palomares, poeta celebrada y leída en todos los rincones del país, nacida en Valera, estado Trujillo en 1964, canta a nuestros amores primigenios y honra esos momentos en que hemos sido víctimas de la ruptura, del desencanto, del corte de patas, de ese despecho tan nuestro, tan Caribe, tan latinoamericano. En sus versos entona el despecho de los tríos mexicanos, de los grandes boleristas de ayer y de los chamos que aún hoy se atreven a enamorarse y lanzarse por un barranco como antes. Encontraremos aquí versos breves, lamentos de un alma fracturada, de un corazón partío en treinta y siete pedazos, que se combinan con la frase de un bolero para hincarse en nuestro pecho. Queremos llorar, beber, seguir cantando y en este libro somos las canciones, el poema, pero sobre todas las cosas, ese hilo conductor de Ana María Oviedo que nos arrastra por los senderos del bolero, con una limpieza, con una altura, con la frase certera, para dejarnos ahogados, buscando los discos de acetato.

Y queremos armar a partir de allí nuestra gran antología del bolero, escribir nuestro poema y seguir amando sin miedo a ser despojados, porque este libro nos da consuelo, nos dice que siempre se podrá seguir caminando, pues la palabra, la poesía, el gesto del lenguaje, nos da la posibilidad de reedificar nuestra alma derrotada.

De ‘Crueles’ (treinta y siete canciones y un poema de amor).

 

XXXIV

 

Y cuando al fin comprendas que el amor bonito lo tenías conmigo

 

No servirá de nada

y a mí no va a importarme

que te arranques el alma pensando en nuestras noches,

que el despecho te cierre las puertas del mundo

cada vez que te besen otros labios,

que de tanto añorar tu corazón se vuelva piedra roja,

fiera enjaulada,

como yo ruego ahora.

 

Cuando al fin lo comprendas

habré conjurado tu nombre,

 

y si no pasa nunca, peor para ti,

 

que tuviste la maravilla del fuego entre las manos

 

y no te quemaste.

 

Ana María Oviedo Palomares.

ÉPALE 416