Cuando el peligro está en casa

La pandemia no solo trajo consigo el cambio forzoso de cara a vivir una nueva realidad de encierros y distanciamientos sociales. El exceso de convivencia ha disparado la violencia de género trayendo catastróficas consecuencias

                                Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen                                       Fotografías Mairelys González@mairelyscg27 / Michael Mata@realmonto

Llevamos más de un año desde el fatídico anuncio de la llegada del coronavirus a Venezuela, y nuestra cotidianidad parece haberse transformado para siempre. Todos los sectores productivos y académicos han debido plegarse a esta nueva forma de vida, y la comunicación ha sido posible gracias a los buenos oficios del internet y los teléfonos inteligentes. Los niños han debido adaptarse a una nueva forma de escolaridad a distancia, y el teletrabajo es la tendencia imperante para lograr producir en tiempos en que la pandemia azota, de la mano con la dolarización rampante.

Esta nueva realidad ha reconfigurado la manera de relacionarnos, ya no podemos movilizarnos libremente como antes, ni socializar de la manera clásica en que acostumbrábamos. Atrás quedaron los encuentros en bares, centros culturales y parques, así como los “compartir” con amistades, familiares y colegas. El encierro forzoso ha llevado a que volvamos a conocer nuevamente a nuestros seres queridos, por lo que la convivencia se ha convertido en una olla de presión, a punto de estallar.

Dentro de este contexto, la violencia parece haberse desatado. El exceso de roce y la desesperación por el encierro ha generado que el hogar se convierta en un infierno. La violencia de género parece haber encontrado un nicho, que se ha fortalecido de cara a una cotidianidad a puertas cerradas, lo que ha incrementado el peligro.

Hogar, ¿dulce hogar?

Así, a pesar de que en el 2020 todos anhelábamos que empezara el 2021 para escribir una nueva historia, las miserias no superadas de nuestra sociedad parecen haberse profundizado. En cuanto al tema de la violencia de género, en apenas los primeros dos meses de este año se registraron 43 femicidios en Venezuela, de acuerdo con el Monitor de Femicidios de Utopix.

Uno de los casos más alarmantes fue la masacre de Turén, en la que fallecieron dos mujeres por un hombre con problemas mentales. Otro caso que no degeneró en tragedia, pero que sí en conmoción mediática, fue la detención del abogado Jesús Silva por agresión a su ex esposa: un caso que ya llevaba dos años impune, y que finalmente fue abordado por las autoridades gracias a la presión de los colectivos feministas que clamaban por justicia.

“A pesar de que las leyes funcionan, los policías ahora apelan por cobrarles a los agresores 500 dólares para no llevárselos presos”.

José Ignacio Acuña

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Sin embargo, la realidad de la violencia en casa sigue siendo un secreto a gritos. A pesar de que el estado venezolano y los movimientos feministas han logrado desarrollar mecanismos de protección y defensa, como la ley por una vida libre de violencia, e instituciones como Inamujer, aún pareciera estar lejana la posibilidad de protegerse para el común del soberano. “Sucede que los organismos de seguridad le han visto el queso a la tostada. A pesar de que las leyes funcionan, los policías ahora apelan por cobrarles a los agresores 500 dólares para no llevárselos presos por atacar a sus parejas, y así quedan impunes. Si bien antes había impunidad, ahora la violencia de género se ha convertido en un negocio, en el que gana, quien tiene dinero”, advierte José Ignacio Acuña, militante feminista con experiencia abordando casos de violencia de género.

Hemos naturalizado la violencia, a tal punto que la impunidad es su mejor aliada.

Pandemia de violencia

Conversamos con Aimeé Zambrano, antropóloga y coordinadora del Monitor de Femicidios: “Nos llamamos Monitor de femicidios. Porque acá en Venezuela lo que está tipificado dentro de la ley por una vida libre de violencia es el femicidio, que sería el asesinato de una mujer a causa de su género. Se trata del asesinato a una mujer por una desigualdad. El feminicidio se entiende como el femicidio a causa de que los estados e instituciones lo permiten, por acción u omisión”.

“Desde el 2019, y viendo la falta de datos que hay sobre los femicidios en el país desde el 2016 -año en el cual el estado venezolano presentó cifras oficiales al Cepal-, nosotras empezamos a hacer un levantamiento de la cantidad de casos hacia un subregistro. Estas no son cifras oficiales, se trata de un subregistro que hacemos desde los medios digitales, nacionales y regionales, lo que aparece en las páginas de sucesos y haciendo un análisis de lo que sucede. Hay que tener claro que no toda muerte violenta de una mujer es un femicidio”.

“Queremos que la gente entienda que el femicidio es la última expresión deviolencia hacia las mujeres y hacia las niñas”.

Aimeé Zambrano

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“Nuestro trabajo lo mostramos en la página de Utopix. Nuestra estrategia de investigación se llama método de fuentes abiertas. La idea no es solamente hablar de la cantidad de femicidios que se perpetran. Queremos que la gente entienda que el femicidio es la última expresión de violencia hacia las mujeres y hacia las niñas. Queremos que sirva de campaña para que la gente entienda esto, y que además permita mostrar cuáles son las consecuencias de la violencia contra las mujeres”.

“Diana Rusell fue la primera que usó el término ‘femicidio’ dentro de una investigación relacionada con el asesinato de mujeres. Nosotras nos basamos en el artículo 57 de la ley. Existen diversos elementos que arrojan que un crimen es un femicidio, como por ejemplo, si el cuerpo de una mujer es dejado en un espacio público o el nivel de ensañamiento. Nosotras también nos basamos en investigaciones, en el trabajo de Diana Rusell y otras investigadoras sobre el tema de los femicidios. También existen los transfemicidios, aún cuando esta modalidad no está tipificada y muchas otras”.

“Una de las cosas que yo veo es que los femicidios son crímenes evitables. Muchos ocurren porque el estado no está cumpliendo su labor como no atender las denuncias ni levantar los expedientes. Pasa que muchas veces las mujeres van a denunciar, y no les toman las denuncias. El fiscal general Tarek William Saab habló más de 170 mil causas en sus tres años de gestión. De estos casos, solo fueron judicializados más de 12 mil. Esto da un total de 7,32% de casos procesados. ¿Qué pasó con el 92.7% restante? Desde el estado hay una problemática en atajar las denuncias. Existe una necesidad de formación del sistema de justicia”.

Los medios últimamente han visibilizado más el tema de la violencia de género

Sororidad  eficaz

Aimeé Zambrano rememora que el 25 de noviembre se celebró una movilización en las afueras del Ministerio de Interior y Justicia por parte de varias organizaciones feministas que logró un protocolo centralizado para el tratamiento de casos de violencia. “La sociedad e incluso los medios están hablando más de femicidios”.

Suzanny González Zambrano es la directora ejecutiva del Centro de Estudios de Derechos Sexuales y Reproductivos y activista de la organización La Quinta Ola. Ella agrega: “Hemos estado generando la alerta de violencia de género en pandemia desde varios colectivos y organizaciones feministas. Hemos abordado este tema comunicacionalmente en varias oportunidades”.

Uno de los colectivos, Tinta Violeta, tiene un servicio activo de acompañamiento a las víctimas de violencia, con bastante éxito en la difusión de mecanismos de apoyo, así como en la celebración de talleres, foros y eventos de formación y difusión.

Cómo parar la violencia

El tema de la violencia de género no es un asunto que concierne únicamente a las mujeres. Se hace indispensable que la labor de formación y conciencia se haga masiva, de la mano de campañas de difusión a través de los medios de comunicación y redes sociales.

La proliferación de femicidios en este último año es un indicativo de que aún a nuestra sociedad le falta desarrollar una cultura más fuerte de protección a la mujer. En los sectores más vulnerables la violencia se hace más manifiesta por falta de consecuencias. Sin embargo, gracias a la organización popular de colectivas feministas, este asunto se debate con mayor frecuencia de manera abierta.

Aún existen mujeres atrapadas en espirales de violencia por desconocimiento de las herramientas legales que pueden aprovechar. La impunidad por parte de los organismos del estado constituye otro grave factor que ha hecho que la violencia en casa se haya convertido en una pandemia en estos tiempos de encierro forzoso.

El 25 de noviembre de 2020 los movimientos feministas lograron un protocolo
centralizado para el tratamiento de casos de violencia

ÉPALE 410

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