David Morales: mi aporte al flamenco es la provocación

El bailador y coreógrafo español venció sus miedos para retratar el sueño de Bolívar por la libertad con el espectáculo flamenco “Invicto”

Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen / Fotografía Jacobo Méndez

Este año bicentenario ha traído consigo un abanico de afectos de diversos colores que demuestran que la Revolución Bolivariana tiene quien la quiera bonito. Uno de los personajes que se acercó para regalarnos parte de su talento como muestra de apoyo a nuestro proceso fue el bailador y coreógrafo andaluz David Morales. Este joven de cincuenta años, conocido desde su infancia como “el niño de los pies de oro”, ha desarrollado una trayectoria impecable en el mundo flamenco, que le ha permitido presentarse en los escenarios más rutilantes del mundo con su arte.

En ocasión del natalicio de Simón Bolívar, Morales nos trajo de regalo “Invicto”. Se trató de un espectáculo flamenco donde el bailador andaluz puso todo su corazón y su talento para retratar el genio de Simón Bolívar en las horas previas a la batalla de Carabobo. A través del baile, el canto y el histrionismo, Morales y su compañía rinden un sensible tributo lleno de color y sentimiento en una propuesta musical que hermana las culturas española y venezolana. Este espectáculo se presentó en la sala Ríos Reyna del teatro Teresa Carreño el 24, 25 y 27 de julio y seguirá con tres últimas funciones el 30 y 31 de julio y el domingo 01 de agosto a las 6 de la tarde.

Tuvimos ocasión de conversar amenamente con el artista. Contrario a lo que pudiéramos haber imaginado, este creador de tanta envergadura se presentó con mucha humildad y camaradería, compartiéndonos parte de su sentir, que en términos generales se erige como una persona profundamente familiar y arraigada a sus valores primarios como columna vertebral. Conozcamos un poco más de la voz poética de David Morales.

—¿Cómo te sientes con este nuevo proyecto?

—Ilusionado, porque es otra parte de la historia de Bolívar. Con muchas ganas. Esa tormenta, ese sueño, esa pesadilla, felicidad que tuviese Bolívar esa noche antes de la batalla. Con muchas ganas de mostrarlo al público y con cosas muy bonitas: momentos muy bonitos. Una dirección escénica muy buena de Carlos Reyes, la dirección musical de Salvador Andrade con una música maravillosa y aprovechando todo el cariño del mundo para que esté a punto y con muchas ganas.

—¿Cuál consideras que ha sido el mayor desafío de interpretar a Bolívar?

—Para mí el mayor desafío siempre ha sido el miedo: el miedo al fracaso de no ser lo que debo como artista. ¿Por qué? Porque es un personaje muy importante en el mundo de la historia, un genio. Es un ser con mucho carisma. Cuando conocí las cartas de amor entre Bolívar y Manuela, que fue cuando empecé a tener relación con él, me quedé muy tranquilo cuando vi que Bolívar bailaba. Que Bolívar antes de tomar una decisión o después de una batalla bailaba. Eso me dio más tranquilidad al momento de crearlo.

—¿Qué representa para ti bailar?

—Para mí bailar es volar en el espacio. Sentirte en otro mundo. En el flamenco, de pronto me acuerdo de mi padre fallecido, lloras con una letra o con la falseta de una guitarra. Te acuerdas de él, te emocionas, y luego al dar una vuelta me acuerdo de lo gracioso de mi madre. Es una mezcla de sensaciones que es muy viva. Es como pasar siete noches seguidas haciendo el amor. Terminas reventado con una sensación de felicidad. Creo que eso tiene mucho que ver con el flamenco. El flamenco tiene la tristeza, la alegría, la pena, la libertad. Creo que el flamenco tiene mucho que ver con la música venezolana, de América del Sur, que son los cantos y bailes de ida y vuelta. Cuando los cantantes flamencos viajaban a América hace 150 años, aquí se enriquecían con la música que había, y cuando volvían a España llevaban esos cantes. Se les conoce como “cantes de ida y vuelta”.

—¿Cuál consideras que es tu aporte al flamenco?

—Que el flamenco vaya abriendo caminos. Hicimos “Lorca, muerto de amor”. Contamos la homosexualidad de Federico García Lorca. Era un espectáculo muy atrevido. Creo que mi aporte al flamenco va a ser la provocación. Quiero ofrecer un espectáculo que guste, y que el público sienta el mensaje al salir del espectáculo. Con Lorca, buscamos que sintieran la libertad de la sexualidad.

—¿Qué enseñanza tienes de tu padre?

—En mi casa ninguno son artistas. En mi casa se celebra todo: bautizos, bodas, con baile, cantos. Yo, quizás soy el más soso. El que se recoge más pronto en la casa (risas). Porque me cuido, madrugo, hago deporte. Llevo muy a rajatabla la profesión, pero siempre me han llevado por el camino de ayudar al más débil, cuidar los estudios, no perder las amistades. Creo que son las enseñanzas que me legó mi padre.

—¿Qué bailarines admiras?

–Soy muy de Antonio Gades y de Mario Maya, así como de Manolete, de Farruco, que son genios del flamenco. Me considero mucho del flamenco tradicional: rancio, decimos nosotros. Sigo lo añejo, lo puro. Soy fan de Camarón de la Isla, del genio Paco de Lucía. Me gusta escuchar todo tipo de música.

—¿Cómo ves a la izquierda en España?

—Ahí estamos (risas). La política siempre es un “tú a tú”. Lo más triste que siento de todo esto son las fake news. Cada día se promulgan más, y la gente lo cree más. Está en todos lados: Twitter, Facebook, Instagram, Tik Tok. Esto le hace daño a todo el mundo: tanto a la izquierda como a la derecha.

Políticamente me gustaría que hubiera libertad para pensar y votar por quien cada quien quisiera. Que ningún país se meta con nadie. Que se respeten las líneas, y que no vengan a mi casa a decirme cómo debo vivir. Que tengamos libertad para educar a nuestros niños. Que los chamos tengan libertad en su sexualidad. Hace poco en España mataron a un joven por ser homosexual, terrible. En pleno año 2021. Creo que hay cosas que están en retroceso, y es una pena.

—¿Cómo ha sido esta experiencia de viajar con la familia?

—Mi esposa Ana siempre me acompaña mucho, y estamos con nuestros hijos. Siempre es bueno que participen. La compañía musical también son nuestra familia.

—¿Qué recuerdos memorables guardas de tu infancia, cuando empezaste a bailar?

—Recuerdo siempre estar en brazos de mayores con besos, abrazos. Tenía cinco, seis, siete años. Siempre iba del camino de mi padre y mi madre. Ellos nunca me obligaban. Me decían “El día que no quieras bailar, no lo haces más”. Pero eso a mí me gustaba, yo lo pasaba bien, lo disfrutaba. Nunca pensé que algún día dejaría de bailar. Yo trabajo las 24 horas del día en mi profesión: ensayo, estudio, trabajo, desarrollo mis personajes, hacemos nuestras proyecciones. Somos como una familia de circo, aunque los niños no participan. Nunca obligamos a nuestros niños, porque a mí no me obligaron. Ninguno de ellos va a ser artista seguro. Hasta ahora no se han decantado por el flamenco. Sin embargo, van a hacer lo que quieran. Yo he sabido diferenciar el arte con la familia. Todos somos como una piña. Pero yo soy uno más en mi familia. No soy un estirado. Solo soy artista cuando subo al escenario. Mientras tanto, soy el que acompaña a mi mamá de compras, llevo a los niños al colegio, porque es el momento de disfrutar de mi familia. Mis niños harán lo que quieran hacer.

—¿A quién más te gustaría interpretar?

—Te voy a dar una primicia. Estamos pensando en hacer el personaje de Franco. Además Franco cierra las fronteras de Gibraltar en el año 1969. Muchas familias se quedaron en el lado de  Gibraltar, y otras en la línea. Cuando tenían hijos, los enseñaban en la frontera.

ÉPALE 424