De cómo Arthur Lydiard inventó el jogging

Por Clodovaldo Hernández@clodoher / Ilustración Sol Roccocuchi@ocseneba

Te confieso que siempre me dan desconfianza esas reseñas biográficas en las que se dice que una persona “inventó” algo que, visto de otro modo, ha existido siempre. A pesar de eso, te voy a contar lo que dicen del neozelandés Arthur Lydiard: que fue el inventor del jogging.

Empecemos por señalar que jogging fue uno de los primeros nombres que tuvo esto de salir a trotar por las calles o los parques como actividad de preservación de la salud física y mental. También le han dicho footing y, últimamente, running. Todo muy gringo, como puedes observar pues deriva de palabras inglesas que se traducen como trotar (las dos primeras) y como correr (la tercera).

Contrario a lo que pudiera pensarse, Lydiard no era un señor al que le dio por trotar para bajar de peso o conjurar algún padecimiento, sino un entrenador de élite. Incluso fue el preparador de Peter Snell, triple medallista olímpico (dos veces en 800 metros y una en 1500), catalogado como el mejor atleta neozelandés del siglo veinte. Sus métodos de entrenamiento para maratón siguen considerándose los mejores de todos los tiempos.

Pues bien, ese gran entrenador descendió hasta los predios de los mortales comunes y fundó el Auckland Jogging Club, considerado el primer grupo de trotadores aficionados del mundo, en 1962. La originalidad de la propuesta de este hombre fue que los participantes trotaban suavecito, hablando entre sí, sin ocuparse de los cronómetros ni de las distancias recorridas. La idea caló bastante entre aficionados, incluyendo gente de la tercera edad y llamó la atención de entrenadores y corredores estadounidenses, quienes decidieron adoptar la fórmula. A partir de entonces, la actividad del trote, más o menos como la conocemos ahora, comenzó a masificarse en todo el mundo, tomando especial fuerza en los años setenta y ochenta. En países como el nuestro, altamente colonizados en el plano cultural, también llegó lo que inicialmente fue una moda, pero que luego se transformó en una corriente permanente. Así que, no sé si en verdad Lydiard merezca o no el apelativo del “Padre del jogging”, pero algún mérito tuvo y es justo reconocérselo.

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