De cómo Bill Bowerman se puso los zapatos

Por Clodovaldo Hernández@clodoher /  Ilustración Sol Roccocuchi@ocseneba

¿Quién carrizo es Bill Bowerman? Casi puedo ver la pregunta en tu rostro. Pues bien, te diré que  fue un gran entrenador estadounidense de atletismo (algunos dicen que el mejor de todos). Solo por eso merecería un comentario en esta sección, pero no es tanto acerca de su carrera lo que te quiero contar, sino del aporte que este señor hizo a la tecnología de los zapatos de correr… y –algo muy propio de su nacionalidad– al negocio del ramo.

Lo de Bowerman como entrenador no es cuento de camino: preparó a treinta y un atletas olímpicos  y doce que tuvieron récords nacionales de Estados Unidos en diversas distancias. Entre las grandes figuras que ayudó a forjar estuvo Steve Prefontaine, quien se convirtió en leyenda cuando su carrera y su vida fueron truncadas por un accidente de tránsito, teniendo apenas veinticuatro años.

Ahora bien, el gran entrenador tiene también un lugar en la historia de este deporte porque un día agarró la waflera de su esposa Bárbara, y utilizando caucho derretido, hizo las plantillas de los primeros zapatos Nike.

Cuenta la historia –tal vez algo mejorada por los biógrafos– que al hacer esa suela en forma de rejilla, Bowerman logró reducir considerablemente el peso y la resistencia de los calzados de los corredores (entonces bastante toscos) y abrir la puerta hacia una serie de mejoras aerodinámicas que vendrían luego y que fueron clave en la evolución de los tiempos del atletismo; en el auge del deporte del trote como actividad popular; y en el impulso que tomó la marca comercial que terminaría por ser un emporio mundial de la indumentaria deportiva. Por cierto, aunque esta es otra historia, el famoso logotipo de Nike, conocido como swoosh (silbido) lo hizo, por 35 dólares, un estudiante de diseño en 1971.

La plantilla tipo waffle le quitaba unos 28 gramos a cada zapato, lo que, según los rudimentarios cálculos de Bowerman, significaban unos 50 kilos menos en el recorrido de una milla, además de que proporcionaban mejor tracción y amortiguación que sus predecesores de “pico y pala”.

ÉPALE 417