De dónde vienen los titanes

Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen / Ilustración Erasmo Sánchez

Cuando Morochito Rodríguez le regaló a Venezuela su primera presea de oro, el joven boxeador venía de orígenes muy humildes. El 26 de octubre de 1968, saltó Francisco Rodríguez a la inmortalidad: una hazaña que habría sido imposible, de no haber incursionado nunca en el boxeo.

Deporte y pobreza

Esta realidad, sin embargo, no es inusual. La mayoría de los atletas que deciden consagrar su vida al deporte suelen venir de clase muy baja. Tal vez por eso perder no es una opción para quienes se dedican en cuerpo y alma a destacarse como atletas. De hecho, el deporte se considera una actividad social, por encaminar a los jóvenes hacia una actividad que fortalece el cuerpo y el alma.

Esta realidad se ha vuelto tan común, que en los países europeos son cada vez más los y las atletas migrantes que representan sus países de llegada que los propios connacionales. Así, tenemos que la selección de Francia está atestada de africanos, y que en los Juegos Olímpicos actuales, vimos cómo dos negritas le llevaban medalla de plata y bronce a España y Portugal en la contienda que le otorgó el oro a nuestra querida Yulimar. De hecho, la representante de España aseguraba que antes le solían gritar “Vete a tu país, negra de mierda”. El béisbol es otro terreno lleno de latinos dando su talento y su esfuerzo para la gloria de equipos estadounidenses.

Clasismo en la pista

Cuando Julio Mayora y Keydomar Vallenilla se alzaron con sus medallas de plata, Nelson Bocaranda fue el primero en burlarse del origen humilde de estos atletas. En son burlista, aseguraba que haber cargado agua y bombonas de gas por tanto tiempo, les había dado a los jóvenes atletas la resistencia suficiente para destacarse en Tokyo 2020. Comentarios similares se fueron colando en los grupos de WhatsApp y las redes sociales, en las que denigraban del “olor a barrio” que aparentemente destila nuestra “Generación de Oro”. Nuestro periodista Marlon Zambrano rememoraba que nombres como Yulimar y Keydomar eran una remembranza segura de nuestra naturaleza Caribe, que se veía reflejada en sus nombres.

Lo cierto es que gracias a las políticas públicas impulsadas por el Gobierno Bolivariano, Venezuela se encuentra hoy en día en la posición 37, ocupando nada menos que el cuarto lugar en Latinoamérica. Cuba, Brasil y Ecuador se están destacando en el medallero pese a ser tercermundistas y a la complejidad de sus realidades. Esta es una hazaña que nunca antes habríamos pensado de no ser porque a Hugo Chávez se le ocurrió la quijotada de llamar a sus niños y jóvenes la Generación de Oro, y a partir de esa idea impulsar todo el apoyo posible a los jóvenes deportistas.

Honor a quien honor merece

Faltando poco para que finalicen los juegos más trascendentales del mundo, es importante tener en cuenta la metáfora curiosa de que los que dan la cara y ponen el pecho por sus países en una guerra son los de abajo: ellos, a quienes siempre les tocan los trabajos más duros y a quienes se les suele esconder la gloria.

ÉPALE 425