Del destello interior a la ciudad subterránea

La nueva película de los hermanos Rodríguez revela el drama humano como canto universal, desde el filtro de una Caracas agreste, sin maquillajes. Una obra de autor que despunta en el ralentizado panorama del cine venezolano y mundial

                                               Por Marlon Zambrano@marlonzambrano                                            Fotografía Kirlam Medina@kirlamm / Archivo

Será posible, con creyones mágicos, ¿borrar esta realidad? ¿Quién no lo ha soñado? Sobre todo, si arrastras la existencia en vilo, haciendo equilibrio sobre el filo de la navaja, zigzagueando entre un inminente desenlace fatal y la responsabilidad de seguir proveyendo vida.

La magia, que lo puede todo, es una invocación cotidiana de cualquiera en la urbe. Cada día, a cada hora, alguien suplica poderes milagrosos para gestionar la subsistencia. Silvia, la protagonista de ‘Un destello interior’, la reclama a través de pasajes oníricos mientras atraviesa la ciudad sin colorete, trenzando hilos desesperados entre fulgores íntimos y
chispazos superficiales.

En la más reciente película de los hermanos Andrés y Luis Rodríguez, se intuye la ciudad. Nos guiñe a retazos, con planos medios y fragmentarios, desde la mirada intimista que acompaña a Silvia (Jericó Montilla) con movimientos de cámara espasmódicos, desplazándose con desesperanza y agobio.

Pero no se trata de Caracas, se defienden Andrés y Jericó: es cualquier ciudad donde alguien sucumbe lentamente, en lo físico y lo espiritual.

En la más reciente película de los hermanos Andrés y Luis Rodríguez, se intuye la ciudad.

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La película no está retratando, necesariamente, una situación país, apunta Montilla. “Es una mujer que pasa por una situación compleja de salud, que puede pasarle a cualquier mujer del mundo, y eso la hunde en un montón de interrogantes y búsqueda de salidas, movida por el amor que tiene por su hija”.

Dice Andrés: “Es muy importante recalcar que nuestra intención es que, de lo local, podamos acceder a lo universal. La historia de Silvia ocurre en la ciudad de Caracas, sin duda, pero puede ocurrir en El Cairo, Europa del este, una ciudad de España; pero necesitas retratar un contexto determinado para que esa historia llegue a ser universal. No puedes escamotear el lugar donde estás elaborando una historia. El contexto tiene que ser real”.

Una mujer desesperada, Silvia, que vive una realidad universal.

Milagro pandémico

‘Un destello interior’ es –cómo no decirlo– una especie de milagro pandémico. El triunfo de la perseverancia y la constatación de que no todo está perdido en el yermo horizonte del cine venezolano, que sigue produciendo con aportes de la plataforma del cine, muy a pesar de que ello sea pasto de la polémica inútil.

La tercera película de los morochos Rodríguez, arrasó en el 2020 durante la XVI edición del Festival de Cine Venezolano, donde se adjudicó 11 premios tras 14 nominaciones, incluyendo el de mejor largometraje; y en el festival que organiza el Círculo de críticos de Caracas, donde Montilla alcanzó el de mejor actriz.

Se fue al Festival de cine de Moscú mientras se publicaba esta entrevista, por lo que no podemos adelantar los resultados de su participación en los renglones de mejor película y mejor dirección, y donde compite Jericó también por el premio a mejor actriz.

Constituye, además, una manera singular (por desprejuiciada) de “acariciar” a la ciudad con la tersura del afecto brutal con que la abordamos, mientras “ella” nos responde con sus habituales bofetadas piadosas, en ese continuum sentimental de amor-odio que nos ata dialécticamente a Caracas, la indiscutible ciudad de la furia, por más que se parezca a tantas otras.

La tercera película de los morochos Rodríguez, arrasó en el 2020 durante la XVI edición del Festival de Cine Venezolano.

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Buena parte de la película se desarrolla en el centro de Caracas

No por casualidad, los Rodríguez se decidieron por una locación recóndita: se metieron en las catatumbas, literalmente, al escoger el barrio Los Aguacaticos, un largo y subterráneo corredor vecinal entre las avenidas Urdaneta y Fuerzas Armadas, que poca gente conoce y donde sobrevive una comunidad asentada desde hace muchos años. Allí habitan Silvia y Sara (Sol Vásquez), madre e hija de 6 años, quienes emergen en procura de la cotidianidad hacia una Caracas de altos contrastes, grises y sepias, que agrede y protege, mientras las dos transitan por el Centro de la capital embutidas en la vida común: padre preso y ausente, familia fragmentada y disfuncional, mamá evangélica, papá alcohólico, empleo precario, enfermedad y tormento, la medicina escasa o muy costosa, un almuerzo de huevo frito, un baño fugaz con perolito de peltre.

“La idea era captar la ciudad de la manera más documental posible, sin ningún tipo de maquillaje o exageración. Sin retoque ni edulcoramiento, buscando que ese contexto también caracterizara a los personajes principales. Para nosotros los espacios son fundamentales, porque hablan de la interioridad, buscando una aproximación íntima de la sicología y el alma de los personajes” –enfatiza Andrés–, quien también funge de camarógrafo en el film, a través de un constante intercambio de roles con su hermano, con quien también comparte el guión.

“Para mí –advierte Jericó– es una película de autor, una obra de arte que no pretende complacer a nadie, más allá de las investigaciones personales que tienen los directores y que siempre procuran trabajar desde lo íntimo, nada complacientes, alejados de lo comercial”.

Los directores escogieron Los Aguacaticos como locación principal

Cine sin estereotipos

Para Jericó, la película tampoco intenta retratar un estereotipo de mujer a la venezolana. “No lo es. Es una mujer cualquiera, que puede estar tanto en Venezuela como en cualquier parte del mundo. Incluso le puede pasar a un hombre”. Para encarnarla, debió rebajar más de 10 kilos, trotar antes de cada set de grabación y durante los intermedios, con la idea esencial de expresar el naufragio físico y emocional de la protagonista, que poco a poco la llevan a tomar un par de decisiones desesperadas.

Ilka Pacheco, periodista especialista en cine, participando en la rueda de prensa realizada por la nominación de la película en el Festival de Cine de Moscú 2021

Silvia, –nos cuenta Jericó mientras al otro lado del teléfono juega con su niña en el parque–, parece una mujer muy dura, pero realmente no lo es, sino que quiere lo mejor para su hija bajo la seguridad de que, estando a su lado, no va a estar bien. Camina con su muchacha y le suelta la mano; se atreve a perderla de vista; contrasta en tono severo con sus padres, cada uno en un espacio espiritual y físico distante. Jamás sonríe. Se desvanece. La vida se le escapa de las manos, su mundo se tambalea, la ciudad parece aprisionarla. Una brecha de esperanza se abre en el otro extremo de la ciudad, hacia donde ella orienta un último y desesperado esfuerzo.

Continúa Andrés: “Buscábamos ver el estado sicológico de Silvia, ensimismado, bloqueado, con una serie de emociones conflictivas que corren de manera subterránea, no salen a la superficie, como el amor que siente por su hija, así como la frustración que vive diariamente. Ella se calla ese temor y esa angustia, y de alguna manera el espacio tiene que hablarnos de eso, y esa salida a la ciudad es muchas veces enajenada; el espacio de la ciudad a través del matiz emocional”.

“Si quieres ser universal, habla de tu aldea” dicen que dijo el escritor ruso Antón Chéjov, aunque otros aseguran que fue el portugués Fernando Pessoa. Lo cierto es que parece la conseja de los hermanos Rodríguez, quienes, además, pasan de largo frente al debate que pretende cuestionar su vinculación con el gobierno nacional por utilizar los recursos del estado para desarrollar su brillante carrera cinematográfica, que ya acumula tres laureados largometrajes de ficción, incluyendo sus anteriores ‘Brecha en el silencio’ (2013) e ‘Hijos de la sal’ (2018).

“Nosotros hemos trabajado con la Fundación Villa del Cine porque nos han dado esa posibilidad y nosotros, muy agradecidos, la hemos aprovechado, pero también hemos trabajado en forma independiente, haciendo todo tipo de trabajos. Realmente somos cineastas, fieles a nuestro trabajo, y a una realidad en concreto que es la que nos ha tocado mostrar en una película o un documental. No estamos casados con ninguna ideología en específico, estamos casados con la verdad del pueblo venezolano, con la realidad de un contexto determinado, porque uno tiene que tener una ética de trabajo y humana que se va construyendo según el trabajo y las experiencias que vamos viviendo. Nosotros abogamos por el humanismo y por la verdad” remata Andrés.

Un destello interior’ fue producida por La Villa del Cine

ÉPALE 410