Editorial

Febrero está marcado por una profunda rebeldía en todos los sentidos. Desde el primer cañonazo, el 27F de 1989, hasta el 4F de 1992, el pueblo, en palabras de Alí, fue sabio y paciente.

En el primer hito histórico, no había líder que dirigiera el descontento del pueblo.

El segundo momento, continuación de la primigenia rabia y desobediencia popular, desconcertó a todos.

Nadie dudó un segundo que aquél Teniente Coronel que asumía la responsabilidad de la intentona golpista y anunciaba  que los objetivos estratégicos, por ahora, no habían sido logrados, representaba un nuevo liderazgo para la patria. El tiempo dio la razón.

Hoy día, la Revolución Bolivariana y la Unión Cívico-Militar continúan prefigurando la gran rebelión de los pueblos que luchan a brazo partido contra las imposiciones y agendas del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

Desde el Cuartel de la Montaña y tras la partida terrenal del Comandante del Pueblo, todos los días a las 4:25 pm,  un cañón suelta balas de salva al cielo caraqueño. Previo a ello, un Guardia de Honor anuncia palabras que conmueven el sentimiento de amor de una alianza para siempre: “Salva de cañón, representa un acto de memoria pública para recordarle a Venezuela y al mundo el pensamiento Bolivariano, Revolucionario, Socialista, Chavista y antimperialista, que nos legó el Comandante Supremo de la Revolución Bolivariana. Hoy, al escuchar el estruendo y observar su llamarada, debemos reafirmar que la Patria sigue mi Comandante”.

De una cosa estamos seguros,  no araste en el mar: no hay pueblo vencido, por ahora y para siempre, Comandante Eterno, tenemos Patria.

ÉPALE 400