El bebé de mono, una historia común

Por Maythe Morales • @maythe_morales / Ilustración Justo Blanco

En la zona donde vivo un grupo de compañeros veterinarios y yo decidimos hacer un consultorio, al que diariamente llega algún paciente a curar sus dolencias.

Nos llegó un caso que me llenó de tristeza, un bebé de mono capuchino, con una lesión muy seria en el antebrazo, era tan profunda, tan grande, que exponía los tendones de este adolorido animal.

El pobre monito estaba tan agobiado que denotaba miedo en su mirada. Mostraba su herida, como el que más, pidiendo consuelo.

Lo atendimos, curamos su herida y al rato se fue con las chicas que lo trajeron. Y me pregunto yo, ¿qué hace una persona con un mono en Caracas? Además, ¿quién le da a un menor de edad un mono que a su vez es fauna protegida? Porque además la chica que lo trajo era una niña de diecisiete años que estaba tan asustada por la situación como lo estaba el pobre mono.

Esto es más normal de lo que nosotros quisiéramos que fuese, ¡aunque usted no lo crea, el tráfico ilegal de animales para mascotismo, peletería y cuero existe! Es un mal de todos los países. Lo podemos ver en nuestras carreteras, donde personas toman la fauna silvestre para comercializarla. Un ejemplo de esto es la carretera del oriente del país donde monos, pericos reales, guacamayas y morrocoyes se venden a los ojos de todos y bajo la complicidad del silencio.

La gente debe entender que la fauna tiene sus espacios propios, núcleos familiares de animales son rotos por el deseo de dinero de algunos; miembros de manadas o miembros de una comunidad animal son arrancados, desbalanceando la estructura social de la misma. ¿Sabía usted que para tener un cachorrito de mono capuchino hay que matar a la madre y a algunos de los miembros familiares? Pues si, estos salen en la defensa de los más pequeños ya que su estructura social y familiar así funciona.

Esos animalitos no nacen en cautiverio a menos que sea bajo un programa de control e integración de población, para luego ser reinsertados en el medio ambiente como lo hacen ciertos zoológicos y santuarios de primer nivel.

Cuando nosotros compramos animales silvestres o salvajes nos hacemos cómplices de una red de tráfico de vidas tan terrible como el narcotráfico o la trata de blancas; esta forma ilícita de comercio destruye el ecosistema y a los individuos animales que dependen y forman un equilibrio perfecto en espacios naturales que nos pertenecen a todos.

Nunca compres fauna silvestre, comunícate con el ente encargado y denuncia.

ÉPALE 464

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