El capitalismo en celo

Por Rodolfo Porras / Ilustración Erasmo Sánchez

Mira que a veces el demonio nos engaña con la verdad, y nos trae la perdición envuelta en dones que parecen inocentes.
W. Shakespeare (Macbeth)

Señores, no estén tan contentos con la derrota de Hitler. Porque aunque el mundo se haya puesto de pie y haya detenido al bastardo, la puta que lo parió está de nuevo en celo.
Bertolt Brecht

En estos días han estado tratando de darle apariencia de vida a un personaje que ha depositado sus excretas en varios artículos de nuestra constitución. El hecho de no estar tras las rejas pareciera hacerle creer que tiene algún tipo de licencia para dar declaraciones y hasta amenazas a futuro. A pesar de haber fracasado estrepitosa y sistemáticamente en casi todo lo que ha emprendido, tiene la virtud de quedarse con los reales y estrujarnos en el rostro su descaro y su mediocridad.

¿Por qué este esperperpento -cuya estancia en cualquier lado que no sea la cárcel hunde en un patético ridículo a todos los venezolanos- vuelve a ser nombrado en La trama cotidiana? Bueno, porque se unieron la relectura de una pieza de Gilberto Pinto, El confidente con dos fotos que dieron vuelta en las redes, una de Macron saludando alegremente al presidente Maduro y otra, vaya usted a saber de cuando, en la que el mismo francés mira, con desdén y severidad, al bufo transgresor de nuestra constitución.

Será porque me sabe a mierda cómo mira o no mira o a quién mira Macron, o será porque percibí cierto aire de triunfo en la mirada de la gente que miró la foto, que todo esto me retrotrajo a una escena de la pieza de Pinto en la que su personaje central narra cómo fulano de tal, candidato con amplias posibilidades de ganar, le había palmeado y ofrecido un cargo. Es decir, me retrotrajo a la imagen de cómo se expresa cierto tipo de poder y, por ende, cómo funciona.

Las fotos de Macron, pequeño ante Maduro y grande frente a Guaidó, son una verdad del demonio, a decir de Shakespeare. Entre otras cosas porque se le sigue otorgando algún tipo de legitimidad a este delincuente, legitimidad que no se le habría tenido que dar nunca, y ahora menos cuando es un cadáver insepulto -como alguna vez calificó un adeco a sus iguales-. Por otro lado, pareciera que la Unión Europea, esa estructura chueca y metiche, tuviera algo que decirnos o aprobarnos.

El oro y el dinero que nos robó el viejo continete (o incontinente), las sanciones, el desprecio, la mirada desde arriba se siguen sucediendo de manera idéntica. Lo demás es esa rutina fungosa de las redes.

Épale 486