El cliente siempre tiene la razón

Por María Eugenia Acero Colomine@andesenfrungen / Ilustración Erasmo Sánchez

Curiosamente, en el venezolano pareciera que la calidad de servicio no existe. Según La autoestima del venezolano de Manuel Barroso, la cultura del caudillismo es la gran responsable de que seamos víctimas y reproductores de un círculo vicioso de maltratos que no parece tener salida. El maltrato y la ignorancia son dos culturas complementarias que entran el proceso. El venezolano tiene una capacidad infinita de aguante; vivimos para sufrir y por eso aguantamos cualquier cosa.

Quizás sea por eso que tengamos naturalizada la cultura del maltrato al cliente o al ciudadano común en cualquier establecimiento público. O que nadie se atreva a reclamar en la entrada de un organismo público. Si usted se atreve a hacer valer sus derechos en un autobús, lo más probable sea que el resto de los usuarios (también vejados por el conductor y su equipo) se le queden viendo con cara de que usted le mete al loco.

Maltrato en tiendas

La oleada de acoso a los clientes empezó en mayo de 2021, cuando el joven Miguel Oyer, adolescente de 17 años fue vejado en público por los vigilantes de la tienda Traki de Puerto Ordaz. Los vigilantes lo acusaron de haberse robado un producto, y lo obligaron a hacer trabajos forzosos pese a que el joven mostró su factura de compra. El muchacho denunció el incidente en redes sociales, y el fiscal general de la República, Tarek William Saab respondió, ubicando a los responsables.

El rector de la UNEXCA, el profesor Alí Ramón Rojas Olaya, denunció en sus redes sociales la humillación que sufrió su hija, la joven Érika Rojas, en el supermercado Forum de San Bernardino. A la muchacha la privaron de su libertad en los sótanos de la tienda, la desvistieron los empleados de la tienda y le grabaron fotos y videos por pensar que era una ladrona. Lo grave de este incidente, es que el CICPC estuvo implicado en encubrir el evento, y buscaron sobornar a la joven para que no prosiguiera con las denuncias.

Finalmente, hace pocos días la joven educadora Ayary Caicedo, con discapacidad motora, fue expulsada de la tienda Balú del Centro Comercial Propatria, por haber pretendido ingresar en silla de ruedas. Los empleados argumentaron que no podía entrar a la tienda alguien con movilidad reducida.

¿Pranato en el servicio?

De no haber sido por las redes sociales, no se habría hecho justicia en estos casos. Lo grave, es que esta clase de maltratos no son la excepción sino la regla. Se hace imperioso revisar nuestra cultura de servicio, que últimamente está salpicada por la violencia y
el despotismo.

ÉPALE 429

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