El divorcio como fracaso de vida

Por María Alejandra Martín@maylaroja / Ilustración Erasmo Sánchez

Por siglos, el matrimonio como institución primigenia de la familia pretende ser el establecimiento rígido del cómo vivir, con quién y qué es lo válido socialmente a la hora de concebir unirse en sociedad. Un divorcio viene a ser aquel procedimiento jurídico en el que se disuelve el matrimonio, sus efectos civiles, sociales y patrimoniales, lo que permite a las personas que forman parte de la relación estar solteros y solteras o volver a casarse. Existe por la Reforma protestante desde el siglo XVI, y hasta hoy la iglesia Católica lo considera ilegítimo. Sin embargo, entre los siglos XIX y el XX pasó a formar parte de las leyes civiles mundiales.

Hoy en día pasar por un divorcio sigue representando en la mentalidad moral y afectiva de nuestro constructo ideológico, un proceso que dice ser terrible para los hogares, y es una creencia generalizada (mito) la que dicta que el divorcio pone en riesgo inminente la estabilidad emocional de los hijos e hijas. ¿Cuántas de nuestras abuelas y abuelos continuaron infelices en una relación? y se escuchaba el famoso “No lo dejo por los niños” el mayor o menor sufrimiento dependerá de cómo los padres gestionen su divorcio.

Aunque lo más difícil es tomar la decisión, el divorcio puede ser más bien la solución a los conflictos en una relación que no camina como se debe, entendiendo la unión sana, aquella donde se manifiestan los valores del respeto mutuo, la comprensión, la sinceridad y la buena comunicación. Hay quienes continúan en relaciones disfuncionales, perfectas ante el ojo público pero llenas de irrespeto, cuentos oscuros que se hablan a puerta cerrada y son la causa de mucho sufrimiento, existen relaciones tan negativas que incluso ponen en riesgo la vida. Diría Gustavo Ceratti: “poder decir adiós es crecer”, reconocer el desamor y cortar con los vínculos puede ser visto como un alivio y como una oportunidad de dar un nuevo inicio más pacifico y en los términos de quién se lo permite. Vuelves a estar en control de tu vida, tu tiempo, tu espacio, libre de enfrentamientos, peleas y secuelas emocionales. Lejos estamos de la concepción del matrimonio como un contrato indisoluble. Hoy en día se acepta que el amor no tiene por qué durar toda la vida como en antaño. El divorcio y su duelo puede complicarse por disputas legales, la custodia de los hijos o los bienes materiales. Fracasar no es divorciarse, fracasar es permitir llevar una vida que ya no te hace feliz. Un divorcio es una etapa más que llega a su fin, de ti depende cómo eliges vivirla.

ÉPALE 347