El feminismo no existe y hay que construirlo… (2)

Por Aracelis García Reyes • @aragar1 / Fotografía Archivo

En el artículo anterior comentábamos sobre las narrativas culturales que se imponen para banalizar el machismo como cosa exclusiva de hombres y sobre todo para significar actitudes existentes en lo cotidiano, normalizadas y con las que se hace chiste y hasta se enuncian con orgullo. Actitudes que están en el inconsciente social de una estructura que históricamente ha sido machista y que impacta las vidas de todos los hombres y todas las mujeres, sobre todo de las mujeres. Pautas culturales arraigadas y que entran en la esfera de lo obvio y que, por lo tanto, se invisibilizan.

No más obvio, no más invisible

Hay que preguntar, preguntarse y preguntarnos, por qué los hijos no pueden lavar platos, limpiar el baño, porque si lo hacen son casi unos héroes. Y la madre dice feliz “mi hijo hace de todo, me ayuda mucho”, “me ayuda”. Sin embargo, si son las hijas, como suele ser, no comentamos nada a la hora de estos temas, pues se considera que es normal que sea así. Ni decir de los comentarios del padre: “Ese muchacho va a parar en marico” o “esa niña si es floja”, comentario que coloca dentro del análisis otro elemento de cómo opera el machismo, “a los hombres gay les tocan las labores del hogar como a cualquier mujer”.

Hay que preguntar por qué le toca un plato de comida más grande a mi hermano, las más chicas deben preguntarle a mamá, a papá y hacerles consciente. Por qué cuando papá y mamá llegan de la jornada laboral, él descansa y a ella le toca otra jornada en casa. Por qué las parejas no abortan, por qué solo aborta la mujer. Por qué los niños, de jóvenes o de hombres pueden andar desnudos en casa, por qué las niñas y las mujeres debemos estar siempre tapadas. Por qué si estamos gestantes somos tratadas como improductivas, cuando estamos en la etapa más humanamente productiva.

Por qué cuando el compañero se va con otra, toda la rabia la desbordo sobre la otra mujer, “porque fue ella la que lo sedujo”, el pobrecito hombre no se pudo resistir, él es un inocente al que hay que cuidar y proteger. Por qué las mujeres, presidentas, ministras, etcétera, gobiernan para los hombres. Son demasiadas interrogantes que habría que hacerse para desnudar el mundo de lo obvio.

El criterio de lo femenino, hay que formarlo porque el Heteropatriarcado, sistema que está fuera de las personas, pero que nos coloniza, está vivo y se camuflajea permanentemente.

ÉPALE CCS N°473

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