El feminismo no existe y hay que construirlo, el Machismo si, y hay que erradicarlo.

Por Aracelis García Reyes • @aragar1 / Fotografía Freddy Hernández • @herblaf

El machismo es más que un estereotipo novelero en el que el hombre de pecho pelúo, correa con hebilla gruesa y voz engolada, le grita a su compañera o la somete a golpes, para demostrar quien lleva los pantalones.  Esta construcción cultural de la masculinidad hegemónica se repite contra los niños y niñas, y contra las mujeres de todas las edades. La cosa va más o menos así: Las abuelas son sometidas mediante manipulación a cuidar las casas de sus hijos y criar nietos: las niñas pequeñas son circunscritas a un conocimiento, un color, una muñeca, una forma de vestimenta, un lenguaje, etc. A las jóvenes se les recrimina su comportamiento “ligero”, su minifalda, su escote, sus pantalones pegaditos, ir de la mano con alguien, su sexualidad, su música, sus creencias, su cuerpo, es la edad más dura, donde el adoctrinamiento se comporta de manera más firme. A las chicas emparejadas se les obliga a mimetizarse con su esposo, novio, marido o arrejunte. Deben aprender sus gustos, lavarles la ropa, cocinarles, llevarles agenda, cuidarlos si se enferman, hacer tortas en los cumpleaños de la suegra y estar dispuestas en la cama a demanda. Peor les va a aquellas que no están activas laboralmente o mejor dicho que no reciben salario por el trabajo que realizan y, por lo tanto, son económicamente dependientes.

El machismo no es un asunto de hombres. Es sobre todo un asunto de mujeres, somos nosotras las que debemos voltear la media y hacer- hacernos conscientes de que vivimos en un mundo patriarcal caracterizado por construcciones simbólicas y políticas que se mimetizan de un sistema a otro, y que se legitima a través de las instituciones como; Familia, Iglesia, Escuela, los Medios, el Estado. Y digo las mujeres, porque impuesto o no, tenemos tras nosotras la crianza, por lo que la responsabilidad de los hombres y mujeres del mañana es en buena parte nuestra. No podemos hacernos parte de la violencia simbólica que se ejerce contra otras mujeres, por pobres, por negras, por campesinas, por jóvenes, por viejas… No podemos seguir repitiendo que el rosado es para niñas y el azul para niños. Que los carritos son para los nenes y las muñequitas para las nenas. Basta ya de horrorizarnos y quitarles el habla cuando las chamas salen preñadas, pero lanzamos una sonrisa cómplice cuando el muchacho habla abiertamente de su sexualidad. Debe llegar el día en que los abortos solo se practiquen para salvar la vida física y emocional de una mujer y no para justificar que no se tenía información sobre el uso de los preservativos o no tenía para comprarlos. Debe llegar el día en que la madre le diga a su hija sexualmente activa: “Mira los condones que te compré”

Debe llegar el día en que la subordinación no se considere como algo natural, en el que Darwin salda de nuestra lógica y de nuestras construcciones simbólicas del poder.

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