El fútbol se alimenta de milagros tangibles

Por Gerardo Blanco • @GerardoBlanco65 / Ilustración Justo Blanco

El componente emocional que ha hecho del fútbol el deporte más practicado y seguido en el planeta reside en la superstición de que sin importar la calidad, los recursos y el palmarés del rival, siempre habrá posibilidades de derrotarlo.

La verdad es que casi nunca el pez chico se devora al grande, y la muestra más evidente es que las Copas Mundiales de Fútbol solo han sido ganadas por las potencias del balón: Brasil, Alemania, Italia, Argentina, Francia, Uruguay, Inglaterra y España.

Los seguidores de la Vinotinto también hemos sucumbido al sueño mundialista, que termina chocando con la realidad. Desde hace décadas, Venezuela ha mejorado la inversión en el fútbol profesional. Se han construido modernos estadios; los dueños de equipos han invertido en la formación de jugadores; contamos con entrenadores más capacitados y árbitros que figuran entre los mejores del mundo como Jesús Valenzuela.

Solo que a la hora de enfrentar a potencias como Brasil, Argentina y Uruguay, que ya aseguraron su pasaje al Mundial de Catar 2022, salen a relucir las debilidades que históricamente carga en su mochila el fútbol venezolano y llegan las derrotas.

Pero el fútbol es la religión más universal de esta época. Su fe se acrecienta cuando se producen milagros tangibles que ningún otro culto puede ofrecer en estos tiempos. Milagros poderosos, a la vista de millones de aficionados y transmitidos en directo como el triunfo de Macedonia del Norte sobre Italia.

La selección de este diminuto país balcánico de 2,3 millones de habitantes cuenta con una modestísima liga profesional de fútbol integrada por 12 clubes, ninguno de los cuales puede compararse con instituciones legendarias como el Milan, Inter o la Juventus de la Serie A de Italia.

La plantilla de Italia está valorada por el portal Transfermarkt en 856 millones de euros, mientras que la de Macedonia llega a 64 millones de euros. Italia, además, tenía de su lado la historia: cuatro títulos del mundo, mientras que Macedonia solo podía exhibir como gran logro el llegar a la ronda de repechaje.

Italia, el país que hizo del contragolpe y la defensa a ultranza un método eficaz para ganar títulos, fue víctima de su propia creación. Agazapada en su territorio, Macedonia necesitó de un solo tiro de Aleksandar Trajkovski para tumbar a Italia y dejarla fuera del Mundial de Catar.

De triunfos imposibles como el de la selección balcánica es que se nutre el fútbol para insuflar los sueños de los aficionados del mundo. La Vinotinto se mira en el espejo de Macedonia y también sueña con derrumbar
gigantes.

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