El martirio de los chamos

Todavía falta un mes para que sea el Día del Niño en Paraguay. Pero la memoria de su heroísmo trasciende fechas y celebraciones

Por José Roberto Duque@JRobertoDuque / Ilustración Erasmo Sánchez / Fotografias Archivo

«¡Qué lucha terrible esa entre la piedad cristiana y el deber militar! Nuestros soldados decían que no daba gusto pelear con tanto niño (…) El campo quedó lleno de muertos y heridos del enemigo, entre los cuales nos causaban gran pena, por el abultado número, los soldaditos, cubiertos de sangre, con las piernecitas quebradas, algunos de los cuales ni siquiera habían llegado a la pubertad”.

Así reseñó para la posteridad el general brasileño Dionisio Cerqueira una de las carnicerías más monstruosas perpetradas por ejército alguno en toda la historia, no contra rivales en igualdad de condiciones, sino contra un pueblo defendido por niños, adolescentes y sus madres. Ocurrió el 16 de agosto de 1869, al final de la Guerra de la Triple Alianza, en la que un inmenso Francisco Solano López y un inmenso Paraguay resistieron el ataque despiadado de Argentina, Brasil y Uruguay, hasta que les alcanzó la vida.

El episodio ha sido llamado en todas partes “Batalla de Acosta Ñu” o “Batalla de los Niños”, y “Batalla de Campo Grande” en Brasil. Pero, en términos estrictamente militares y humanos, aquello no fue una batalla sino una masacre. Lo que cuenta la historiografía es que el Paraguay, presidido por Francisco Solano, entró en guerra desde 1864 contra sus gigantescos vecinos Argentina y Brasil, en alianza con Uruguay. A esta descomunal cayapa se le conoce como la Triple Alianza

Hasta el final

Solo para no dejar en el aire el origen del conflicto, resumiremos con el dato clave: el Imperio de Brasil, haciendo “honor” a su título, impuso en Uruguay un gobierno títere en 1864. Paraguay, en represalia, capturó un barco brasileño y quiso ir a meterse en la pelea en Uruguay, pero para ello tenía que atravesar el territorio argentino. Como Argentina no quiso conceder ese permiso, Paraguay se metió a lo macho en una ciudad argentina y así, de pronto, y debido a un evidente mal cálculo, Paraguay terminó en guerra contra esa alianza.

El general Francisco Solano López y los paraguayos tuvieron momentos de gloria y de repliegue en esa guerra desigual. Hasta que en ese año 1864, agotado ya en recursos militares, logísticos y humanos, comenzó la etapa del martirio. Como cerca de 80% de los hombres adultos habían sido exterminados, Solano comenzó a reclutar a niños menores de 14, 13, 12 años. Los reportes de la Batalla de los Niños hablan de criaturas de seis a ocho años liquidadas en dantesco genocidio por un ejército brasileño de 24 mil hombres, ensañados contra 3.500 jóvenes y niños paraguayos con sus madres.

En la arremetida y la degollina final, cuando ya más de tres mil paraguayos habían sido rendidos y asesinados, el francés Louis Philippe d’Orléans, conde d’Eu y jefe de las tropas brasileñas, ordenó incendiar el campo donde permanecían algunos heridos y sus familiares, y luego un hospital en el que murieron incinerados 600 heridos y enfermos de la guerra. Es raro que no sea más conocido este asesino, antecesor de Bolsonaro y bestia del Brasil moderno y contemporáneo.

Paraguay debió ser reconstruida en todo sentido, comenzando por el demográfico. Antes de la guerra su población era de unos 450.000 habitantes, y al finalizar, no llegaba a 200 mil. De estos últimos apenas 28 mil eran varones adultos.

ÉPALE 422