El poeta y las posibilidades profundas del ser

Por José Javier Sánchez • malaslecturasccs@gmail.com / Fotografia Archivo

Luis Enrique Belmonte, Caracas (1971), pertenece a esa generación de poetas venezolanos nacidos a partir de 1970 que han aportado desde su trabajo con el lenguaje, la posibilidad de concebir una nueva estética de la poesía venezolana.

Reconocido en múltiples escenarios de la escritura venezolana y universal, los premios Paz Castillo (2005), VI Bienal Mariano Picón-Salas  (2005), y Adonáis de España (2006) dan crédito del reconocimiento a su trabajo, pero de igual manera lo hacen, el gusto y la búsqueda permanente de los lectores que acuden a su obra con voracidad.

Poeta integral de alto oficio

Belmonte no sólo es poeta. Es médico cirujano, psiquiatra y un excelente músico que ha sabido releer y reinterpretar cantos de la más profunda tradición venezolana, incorporando desde su violín, melodías poéticas propias de un creador. Con altísima disciplina al momento de escribir, con una capacidad de elaborar el poema desde la versatilidad del idioma, el poeta emprende una búsqueda insaciable con las múltiples posibilidades del lenguaje, donde el silencio, la musicalidad, el canto, el grito, nos asombran desde la fuerza de su poesía. Ars poética del errante, del solitario, del espectador, del ser profundo, que halla en el silencio la infinita posibilidad de diálogo con las cosas más recónditas del hombre, con su psiquis, en una introspección y una visita a los lados más oscuros, los menos transitados.

Lo magro del poema

Cada poema de nuestro autor seguramente merece una nota de prensa. En su poema ‘Oración del Carnicero’, que como los grandes poemas puede ser leído de diversas maneras en distintos momentos, percibo una profunda analogía de Luis Enrique entre este oficio -intuyo yo- y su experiencia personal vivida en la Facultad de Medicina. Su experiencia con la sangre y la muerte, con el bisturí y la sierra, la transmite de forma magistral, en el siguiente poema, publicado hace más de tres lustros en el libro ‘Paso en falso’ de la editorial Mucuglifo, del estado Mérida y luego reeditado en ‘Pasadizo Antología poética’ de Monte Ávila Editores (2008). En este tiempo sus versos siguen resonando y dando de leer a estudiosos y noveles, para sorpresa de nosotros los lectores.

Oración del carnicero

Señor, lame nuestros cuchillos,

ensaliva las costillas y las vértebras.

Que estos tajos en la res

sean ranuras para llegar hasta ti.

Que la jifa no atraiga a las hienas,

y que los ganchos no hieran a los aprendices.

Diluye con tu lluvia toda la sangre que avanza,

lenta, espesa, por debajo de las puertas.

No dejes que los pellejos

sean vendidos a los traficantes,

ni dejes que nadie alce los fémures

de los que se han sacrificado.

Míranos a través de los ojos desorbitados de los bueyes.

Que la luz exangüe de nuestra única bombilla

ilumine tu escondrijo, entre venas, nervios

y tendones, Señor, deja que nos ensañemos esmeradamente

hasta llegar al suculento blanco de tus huesos,

y que se sienta tu presencia

en las manchas de los delantales o debajo de las uñas.

Bendice lo que queda, este banquete para perros,

moscas y zamuros, Señor, bendice lo más puro.

Y refrigera en tu silencio

toda la carne que amamos.

 

Luis Enrique Belmonte

De: Paso en falso (2004).

 

ÉPALE 410