El puñetazo

Por Marlon Zambrano • @marlonzambrano / Ilustración Erasmo Sánchez

El show detrás del show. El marketing a la inversa, las estimaciones financieras a largo plazo, los negocios redituables, el alza en las cotizaciones de la imagen, la deflación, la crisis del combustible y el gas, la industria del entretenimiento, la guerra.

Quien vio en vivo y directo –o en diferido- la tremenda trompada que le propinó el actor Will Smith al comediante Chris Rock durante la reciente entrega de los premios Óscar, no pudo menos que tragar grueso y sobarse el mentón por la precisión y espectacularidad del golpe que resonó en la dignidad aparente, pero que luego hizo eco en la popularidad.

Usted agrega “puñetazo” a la barra de búsqueda de Google y emerge una y mil veces Smith golpeando a Rock, y mucho más atrás la definición de la RAE, y al final, quizás, alguna de las clásicas pegadas de Mike Tyson o Muhammad Alí en los días en que un puñetazo era lo que mediaba entre el suelo y la gloria.

El golpe de Smith (casualmente ganador esa noche como mejor actor por su papel en la película El método Williams) definitivamente fue peliculero, pero no al estilo de Aladdín sino de su aborrecible Hancock: luego del gag ofensivo del presentador de la gala contra la alopecia de su mujer, prácticamente desfiló a través de la alfombra roja del plató, se acercó pausadamente a un “sorprendido” Rock, le asestó un golpe preciso que tronó en el hemiciclo y generó una risotada de asombro nervioso, para luego regresar calmo a su asiento donde terminó de sermonear a gritos al recién agredido.

Podría creerse, que el coñazo fue la respuesta instintiva de un hombre herido en su orgullo frente al escarnio público al que sometió el típico humor negro norteamericano a su mancillada mujer de pelo rapado. El bullying con el que se ensañó Rock contra Jada Pinkett Smith debido a su aspecto, no es ni la cuarta parte de las salidas despiadadas con las que distintos presentadores de los galardones del cine hollywoodense han ametrallado a figuras y figurines del star-system angloparlante. Recordado y adorado por sus adláteres, Billy Crystal descuartizó a sus víctimas hasta la degradación más de una vez. Whoopi Goldberg, lo hizo igual al usar la deshonra personal como chiste. Recordamos al elegante inglés Ricky Gervais hundir hasta la infamia a la concurrencia durante su presentación de los Globo de oro 2020.

¿Qué es fingido y qué es real en la mercantilización del entretenimiento? Esa pregunta puede formularse ante el silencio que reina frente a los millares de muertos de hambre del mundo, mientras nos entretenemos “analizando” los pormenores del affaire Smith.

ÉPALE 455

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