El quinto Beatle

Por Marlon Zambrano • @MarlonZambrano / Ilustración Erasmo Sánchez

Todas las leyendas, verdades y opacidades en torno a los Beatles, la agrupación británica que cambió la historia de la música moderna, son válidas y necesarias en la medida en que ayudan a distribuir en el inconsciente colectivo el enorme impacto cultural que significaron para nuestra época.

John, Paul, Ringo y George, los llamados Cuatro de Liverpool por nombrar su sitio de procedencia, la ciudad costera ubicada casi cuatrocientos kilómetros al norte de Londres, fueron el ingrediente exacto y perfecto para crear ese hormigón de melodías celestiales salpicadas de armonía, ritmo, fuerza, rabia, innovación, que tanto influirían no solo sobre el resto de la música que se hizo y aún se hace en el mundo desde principios de los años sesenta del siglo pasado, sino en los consecuentes códigos culturales que llegan hasta nuestros días, hasta el punto de que un marxista convexo como el trovador Silvio Rodríguez, los elogia con fascinación de groupie.

Aunque otros chamos formaron parte efímera del conjunto (como los fundadores Stuart Sutcliffe y Pete Best), el cuarteto reconocido y original es el de esos cuatro muchachos inquietos que por disposición de dios (o del diablo, cómo saberlo) coincidieron en un tiempo y lugar precisos para vivificar la alquimia necesaria de la cosa perfecta. Y no es por pura aclamación vacía que hacemos tal afirmación, sino que como evidencia inobjetable, cada uno por su cuenta logró carreras más o menos exitosas, pero jamás de la magnitud épica de su hechura en equipo.

Para otros efectos, se ha querido plantear desde siempre la presencia de otro Beatle: un ser animoso y etéreo, que estuvo allí guiando los hilos mágicos de los prodigios desde siempre y que sencillamente ha sido bautizado como el “quinto Beatle”. Para algunos fue George Martin, el productor musical e ingeniero de sonido que matizó tonos, eliminó coros, armonizó con instrumentos novedosos para una banda de rock como un yunke. Otros dicen que fue Brian Epstein, su manejador, el hombre que les cambió el look y los colocó en la ruta de los royalties. Para la mayoría fue Billy Preston, el negrito sabrosón que tan ricas tonalidades le sacó al órgano Hammond en la última etapa de su carrera para discos sacrosantos como Let It Be. Lo cierto es que cual leyenda urbana se habla del “quinto elemento” que obró el milagro, aunque con ver la serie documental exclusiva de la plataforma de streaming Disney+, Get back de Peter Jackson, tenemos para comprobar que esos carajitos, entre juego, romances e intrigas, fueron capaces de labrar solitos la maravilla.