El Santa Rosa venezolano

Bitácora Sonora

El Santa Rosa venezolano sueña algún día compartir escenario con su ídolo

                                Por Rocío Navarro Amaro • lamusica.flauta@gmail.com                                       Fotografía Alexis Deniz • @denizfotografia

La primera vez que escuché a Leonardo Murga, me impresionó su fuerza y precisión al cantar. Cantaba en un acto de tantos que se han hecho apoyando a la Revolución, llevando como siempre, la disposición y el canto como una flor en el ojal: para que todo el mundo la viera.

Teniendo la influencia desde su hogar, mamá y abuela cantadoras y bailadoras y papá, tocador de cuatro, generó en él “un verdadero gusto por la música”. Me cuenta una travesura: Su papá no lo dejaba tocar el cuatro porque era muy chiquito y lo podía romper, entonces, él se iba escondido hasta el escaparate donde su papá lo tenía “escondido”, y apenas lograba meter la mano para poder tocar el “cam bur pin tón“. Luego iba corriendo al patio y pasaba un buen rato saboreando, a solas y contento, su osadía musical. Creció pidiendo el cuatro a todo el que tuviere uno. También cuenta que agarraba las ollas “buenas”, y muchas veces lo regañaron por eso, hasta que el papá dijo: “no le pegues más, pongamos al muchacho en la escuela de música.”

Formó parte de la orquesta sinfónica del estado Cojedes, allí el maestro Rogelio Barrios, le transmitió los elementos necesarios y se formó como percusionista. Sus compañeros le decían “Bomboloco”, porque era atolondrado. Siendo muchacho, se escapaba a los lugares nocturnos para ver los artistas y escucharlos en vivo y hasta llegó a montarse a tocar con ellos.

Influenciado por la salsa a través de la Fania, la Billo’s y baladistas internacionales como Raphael, Julio Iglesias y sobre todo, José José, se lanzó a cantar. Llegó a compartir con Romer Mora, un showman juvenil de renombre en aquel momento quien imitaba a José José, Nino Bravo entre otros cantantes.

Me cuenta esta anécdota: En Cojedes, chiquitico y vendiendo refrescos, Alí Primera lo alzó a la tarima. Pensó que ese señor le iba a comprar pero no, dice él que le echó tronco’e vaina cuando dijo: “Este es el futuro de Venezuela”. Estas palabras fueron proféticas porque él asumió la canción, la solidaridad y el hecho social, como premisas fundamentales en su vida.

Siendo, como fue, parte de una orquesta tocó repertorio nacional, internacional, académico y popular. Siempre soñó en conocer o tocar con Tito Puente o con Giovanni Hidalgo como baterista o tocando la tumbadora; llegó a acompañar a Simón Díaz, Rubby Pérez, Wilfrido Vargas entre otros. Admira enormemente a Andrés Briceño y a Alejandro Lamas, y a Evelyn Glennie, que es una percusionista de Estados Unidos, con discapacidad auditiva.

Entre los cantantes que admira está Juan Gabriel, Ricardo Montaner y Gilberto Santa Rosa. Relata otra anécdota: Cuando cantaba, sus amigos le decían; “chico, pero cantas igualito a Santa Rosa”, y él fue prestando atención a eso y ya lleva alrededor de veinte años, estudiando y puliendo ese timbre. Pudiéramos decir que Leonardo Murga es “El Santa Rosa venezolano”. Sueña compartir algún día con él, en el escenario.

Leonardo es una persona con discapacidad. Le falta un miembro inferior que perdió siendo muy joven, cuando cumplía el servicio militar. Un soldado, accidentalmente, le disparó el 17 de septiembre de 1988. A los cinco días, su pierna izquierda tuvo que ser amputada. Apenas tenía 18 años. La derecha también sufrió, la vejiga y el brazo izquierdo.

La fuerza militar no le había reconocido su pensión pero en la oportunidad que lo ven en un evento con el Presidente Chávez lo llaman y es 23 años después que le empiezan a pagar pero sin indexación, aduciendo que la inflación acabó con eso. Él reclama que eso debe ajustarse y se le debe dar su justa pensión incluso, por los años no pagados ya que la ley y reglamento de Seguridad Social de las Fuerzas Armadas dice que debe pagarse desde el momento en que se origina la “invalidez”. Tarea pendiente. Y por otro lado, su dificultad para tener estabilidad, ya que no posee vivienda. De hecho durmió varios meses en el terminal del Nuevo Circo, por no poder pagar una habitación. Su familia, por un lado y él, dando tumbos y haciendo maromas para sobrevivir. ¿Dónde están los programas sociales para estos casos? Ojalá puedan apoyar a este valor venezolano de la voz.

¿Quieren escucharlo? Todos los viernes canta en un lugar llamado “Lo mejor de la caña” a partir de las dos de la tarde, en Capuchinos, pasando el puente que une El Paraíso con esa parte de San Martín.

ÉPALE 459