El señor de los árboles

Aníbal Isturdes nos recuerda las causas quijotescas, esta vez en torno a la protección de los árboles patrimoniales de la ciudad. Es su lucha cotidiana, a las que pocos se suman con entereza y la mayoría le pasa de largo por pura inconciencia

Por Marlon Zambrano • @marlonzambrano / Fotografías Michael Mata • @realmonto 

Su oficio es soñar: Aníbal Isturdes, cual viejo roble, se mantiene firme en su exótico empeño de mantener con vida a los malogrados árboles patrimoniales del centro de la ciudad y cualquier otro que se le atreviese en el camino de su inventario floral, pues no se trata de un capricho personal sino de un propósito existencial que promete prolongar la vida sembrando conciencia y reforestando la urbe.

Es miembro del comité cultural, conservacionista y de defensa de la parroquia San José, donde inició su batallar en el año 76 a raíz de unos decretos de expropiación que planteaban realizar planes de renovación urbana, sacrificando el patrimonio arquitectónico y vegetal de San José y La Pastora.

El bucare del Foro Libertador puede ser, como Manuelita, la acompañante del Libertador

En su ABC de prioridades aparece en primerísimo primer plano el Samán de Bello, un espécimen ajado, que sobrevive por inercia en la plazoleta del Foro Libertador que da acceso a la sala Juan Bautista Plaza de la Biblioteca Nacional. Se trata de un samán cansado, manchado, deshojado y retorcido, que ha sido testigo presencial de varios episodios históricos de la patria, incluyendo las primeras luces que recibió el Libertador Simón Bolívar de manos de su maestro Andrés Bello, quien debajo de su follaje (lo cuenta profusamente en su biografía, ensayos y poemas) inyectó la savia de la rebeldía y el espíritu insumiso, que llevó muchos años después a aquel imberbe a sacar a empujones a los colonizadores españoles, que mantenían asfixiado de indignidad a medio continente.

Así le cantó Andrés Bello en su poema A un samán:
Extiende, samán, tus ramas
sin temor al hado fiero,
y que tu sombra amigable
al caminante proteja.
Ya vendrán otras edades
que más lozano te vean,
y otros pastores y otros
que huyan cual sombra ligera

Educador y miembro fundador del Parque para la vida ubicado en San José de Cotiza, Isturdes no pierde la oportunidad de arrastrar a cualquiera hacia ese escenario capitalino y exigirle vehementemente abrazar el árbol antes de conversar, observar su follaje, escuchar el canto de los pájaros que hospeda, pisar la tierra, acariciar su lomo de corteza chamuscada. Como cualquier árbol, histórico o no, está abandonado. Imperdonable, más aún en este caso pues se trata de un ejemplar datado de 1753, que así como anidó a Bolívar y a Bello, fue abrazado por Simón Rodríguez, José Martí, Pablo Neruda y Gabriela Mistral, estos últimos para venerar el néctar del amor a la patria.

El profe Aníbal identifica, al menos, doce árboles imprescindibles del entorno fundacional de Caracas que poseen valor histórico y cuya importancia fue aprendiendo en su quijotesca cotidianidad de observador, poeta y ambientalista, dialogando con el follaje, defendiéndolo y protegiéndolo durante sus descensos desde las faldas del Waraira hasta las catacumbas de la ciudad indolente ante su futuro.

Su causa es: “La exigencia ética del amor en connivencia con la ciudad”, como él mismo la autodefine, para explicar la importancia de otras especies representativas, como el bucare, ubicado detrás del Mausoleo del Libertador, en el Panteón Nacional, salvado en su oportunidad de las fauces destructoras de los urbanistas que remodelaron aquel entorno para homenajear al Padre de la Patria. Allí propone iniciar un necesario homenaje a Manuelita Sáenz, al lado de su antiguo amor.

La ceiba frente al hospital Vargas fue quizás sitio de reposo del beato José Gregorio

Otro es un jobo ubicado al interior de la Quinta Anauco, en San Bernardino, donde también se recreó Bolívar en sus correrías de niño. Una mata de mango que se encuentra alojada a lo interno del hospital Vargas, y que asegura Isturdez fue sombra y alimento del beato José Gregorio Hernández cuando se aprovechaba de sus frutos en los ratos de descanso, o mientras impartía clases a sus jóvenes alumnos de medicina. Muy cerca, una ceiba centenaria que también reposa arrinconada en las inmediaciones del viejo sanatorio, otro bucare originario ubicado en el Parque para la vida de San José; las ceibas de San Luis y San Francisco, que siguen la senda del olvido. Asimismo, denuncia una indiscriminada tala de cedros y jabillos en Cotiza, donde las autoridades se hacen inútiles y la ciudadanía prácticamente cómplice con su silencio.

La ceiba de San Francisco ha sobrevivido a la ciudad depredadora

Así le canta Isturdes a la ceiba de San Luis:
¡Oh! Bello árbol
De la ceiba de San Luis
Hontanar del Mercado de las Flores,
Que orienta los cuatro
Puntos cardinales
De la bien amada
Parroquia San José.
Eres sol de vuelo
En rondas de golondrinas
Y senderos de mariposas
De bucares y samanes.
El dulce colmenar de abejas
Que acunan tus ramas,
Con leves rocíos de Catuche y Anauco,
Con ladrillado de casitas
Aún… de techos
Humildes de tejas.

Afirma que lo que pasa con los árboles de Caracas obedece a un desprecio urbano por la riqueza inmaterial. “Más importante ha sido establecer esa colonización de la presencia del cemento y la cabilla frente al patrimonio vegetal”.

Continúa Bello sobre su samán:
Agradábale en las aguas
ver flotar su sombra bella,
mientras besaban su planta
al jugar por las praderas.
Del puro Catuche al margen,
propicios los cielos quieran
que, más felices, no escuches
tristes lamentos de guerra;
antes, de alegres zagales
las canciones placenteras,
y cuando más sus suspiros
y sus celosas querellas.
Los frutos de Vivas

La ceiba de San Luis aguantando la pela del olvido y el maltrato

La otra tarea, irrenunciable y urgente, siguiendo el camino señalado por el Decreto de Chuquisaca dictado por el Libertador en diciembre de 1825, es sembrar -según Isturdes- un millón de árboles frutales en todo el país, también como un acto de defensa de la soberanía alimentaria. Una plantación que contemple corozos, moriches, limones, cocos, uveros, palmas, naranjos, mamones, aguacates, mangos, y todas las especies endógenas de cada región.

Pero además, comenzar a trazar el camino que sugirió el recientemente fallecido arquitecto, ambientalista y genio Fruto Vivas, sobre el destino de sus cenizas. En una comunicación que fechó en Barbados el 15 de agosto de 2012, pidió: “Es mi deseo que una vez que yo muera mis cenizas sirvan de abono a un araguaney sembrado en el Club Táchira, otro en el Tarantín y otros en El Ávila, pidiéndole a mis hijos hagan verdad este propósito de lograr colocar en El Ávila el inicio de un collar de oro con la Flor Nacional y que mi vida siga viva en los árboles para vivir. O salvamos los árboles y vivimos con ellos o desaparecemos del universo”.

La propuesta del profe Isturdes, amigo y seguidor de las enseñanzas del arquitecto, es arrancar ese maravilloso tributo a la venezolanidad desde ya, con la plantación de araguaneyes en ambos laterales de la avenida Panteón hasta llegar al mausoleo, y luego seguir con los araguaneyes hacia el Waraira Repano como un plan piloto hasta recubrir al país entero con un manto dorado, cual lo soñó Vivas.

Aníbal Isturdes no pierde la oportunidad de sembrar amor por la Caracas verde

Los “ecopoetas” en acción

Como los designios de la madre naturaleza también son impredecibles, otra iniciativa inspirada por Isturdes, pero que se mueve en paralelo, germina entre los poetas que el jueves pasado se dieron cita en la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello para dialogar en torno de la situación de los árboles de la Gran Caracas, con la idea de organizar una campaña para la preservación y rescate del Samán de Bello en una segunda etapa.

Es un bloque de “ecopoetas” (además de docentes, ecologistas y activistas sociales y comunitarios con experiencia en el ámbito de la ecología y defensa ambiental) que lidera, entre otros, Cristóbal Alva, quien además es periodista y un ciudadano consciente del destino de los moradores de la ciudad sin árboles.

Semilla del Samán de Bello: un milagro que nos demuestra el poder de la naturaleza

Alva explica, como justificación de esta avanzada protectora, que: “Hasta el presente la campaña para la preservación y defensa del Samán de Andrés Bello, en desarrollo desde el año 2017, se ha desenvuelto de modo intuitivo, siguiendo el liderazgo y empuje del poeta, profesor y luchador ambientalista Aníbal Isturdes, líder histórico de la parroquia San José… En la actualidad se manifiestan diversos esfuerzos para el rescate y cuidado de los árboles de Caracas, con planes de rearborización. Sería importante unir esfuerzos con perspectiva viable y sustentada en experiencia y visión especializada”.

ÉPALE CCS N°476